La Virgen de Fátima nos muestra el camino hacia Dios

Escrito por  Jueves, 26 Octubre 2017 00:00

Por Fernando de Navascués

Desde que el Señor, en la tarde del Gólgota, nos entregara a María como Madre nuestra, ha sido incesante su presencia en la devoción de los cristianos y en la liturgia de la Iglesia. Sólo el protestantismo renunció a María como Madre, olvidando así una historia de siglos y siglos de maternal cuidado. Los musulmanes, sin embargo, la veneran como la madre del que para ellos es el profeta más grande que ha existido después de Mahoma, e incluso en el Corán se cita a María más veces que en la Biblia.

La vida de la Iglesia está empedrada de apariciones marianas, de congregaciones consagradas a ella, de oraciones, de fervor y del amor de sus hijos. Más aún, el pueblo fiel ha encontrado en María un modelo de virtudes a imitar pues ella es el camino seguro hacia Dios.

María Santísima se ha hecho presente a lo largo de los siglos en la historia de los hombres: desde la aparición de la Virgen del Pilar en Zaragoza, ya en tiempos apostólicos, hasta la que parece que en breve será reconocida por la Iglesia, la Virgen de Medjugorje; pasando por la Virgen de Lourdes, la Virgen de Aparecida y, por supuesto, la Virgen de Guadalupe, quizá la devoción mariana más extendida por el orbe cristiano.

En este mes octubre, mes del Rosario, ponemos los ojos en la Virgen de Fátima, cuyo centenario celebramos en 2017. Sus apariciones fueron cruciales para la historia del siglo XX, y su gran mensaje fue justamente lo que más necesitaba ese siglo: la paz. Un mensaje que sigue siendo de plena actualidad.

Fátima ha sido fuente de conversiones continuas. Los tres últimos papas han peregrinado hasta allí. Y no es casual que un 13 de mayo, en el día de su fiesta, san Juan Pablo II recibiera un tiro que no llegó a ser mortal gracias a esa intercesión de María.

Uno de los grandes regalos que nos trae la Virgen en el centenario de sus apariciones es el de ganar la indulgencia plenaria. Para ello hay tres maneras. La primera, peregrinar al santuario mariano de Fátima en Portugal, participar en una celebración u oración dedicada a la Virgen y rezar el Padrenuestro, el Credo e invocar a Nuestra Señora.

Otra forma es visitando una imagen de la Virgen de Fátima expuesta solemnemente a la veneración pública en cualquier templo, oratorio o local adecuado en cualquier parte del mundo en los días de los aniversarios de las apariciones, es decir el 13 de cada mes desde mayo hasta este mes de octubre, y participando allí en alguna celebración u oración en honor de la Virgen María. También se debe rezar un Padrenuestro, el Credo e invocar a la Virgen de Fátima.

Y en tercer lugar, a los fieles que, por edad, enfermedad u otra causa grave, no puedan acudir al santuario portugués o a un templo donde se viva alguna celebración, pueden unirse espiritualmente a ellas frente a una pequeña imagen de Nuestra Señora de Fátima, en los días de las apariciones y ofreciendo con confianza a Dios a través de María los dolores y sacrificios de su vida.

Junto a estas tres formas, también es requisito confesarse, comulgar y rezar por las intenciones del Santo Padre.

Como se ve, María sigue intercediendo por los hijos que Jesús puso a su cuidado. El Inmaculado Corazón de la Madre es el refugio del cristiano y el camino para encontrarse con Dios. La oportunidad de ganar la indulgencia plenaria es todo un regalo que nos llega por María y una nueva oportunidad para la conversión y el encuentro con Cristo.

Consagración a Dios a través de María

¡Salve, Madre del Señor,
¡Virgen María, Reina del Rosario de Fátima!
Bendita entre todas las mujeres,
eres la imagen de la Iglesia vestida de la luz pascual,
eres la honra de nuestro pueblo,
eres el triunfo sobre la marca del mal.
Profecía del Amor misericordioso del Padre,
Maestra del Anuncio de la Buena Nueva del Hijo,
Señal del Fuego ardiente del Espíritu Santo,
enséñanos, en este valle de alegrías y dolores,
las verdades eternas que el Padre revela a los pequeños.
Muéstranos la fuerza de tu manto protector.
En tu Inmaculado Corazón,
sé el refugio de los pecadores
y el camino que conduce hacia Dios.
Unido/a a mis hermanos,
En la Fe, la Esperanza y el Amor, a ti me entrego.
Unido/a a mis hermanos, por ti, a Dios me consagro,
Oh, Virgen del Rosario de Fátima.
Y, en fin, envuelto/a en la Luz que de tus manos proviene,
daré gloria al Señor por los siglos de los siglos.

Amén.

consagracion a la virgen de fatima

Fernando De Navascues

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