La infinitésima vía

Escrito por  Lunes, 23 Octubre 2017 00:00

Por H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

"Entonces se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?». Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto». Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?». Le respondieron: «Del César». Entonces les replicó: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Al oírlo se maravillaron y dejándolo se fueron."
(Mt 22,15-21/ XXIX Domingo Ordinario A)

El que sabe apreciar las cosas buenas de la vida, espera con ansias que llegue este 13 de diciembre. A partir de ese día podremos disfrutar del siguiente episodio en una de las sagas más seguidas y amadas por el público: Star Wars VIII: The Last Jedi. No tengo ni la menor idea de lo que nos podría esperar, aunque ya he leído varias teorías… Pero lo que quiero resaltar hoy no es la película, sino el concepto de base que hay detrás del universo de Star Wars: la fuerza.

Se trata de un poder metafísico y omnipresente. Algunos individuos, como los Jedi o los Sith, pueden controlar una parte de este poder: el lado de la luz y el lado oscuro respectivamente. George Lucas, al crear el concepto de la fuerza, no sólo buscaba generar un motor para su historia, sino incluso despertar una cierta espiritualidad en la juventud, sugiriendo la creencia en Dios o en un poder superior, sin adherir a una religión en específico.

Pero él no ha sido el único con una idea semejante… La historia de nuestro mundo está plagada de religiones, filosofías, creencias y leyendas sobre un universo regido por un choque de dos fuerzas: el bien y el mal, la luz y la oscuridad, el yin y el yang… Todo el universo busca llegar a un equilibrio que parece tan fácil de alcanzar como lo sería lograr balancear un huevo sobre un alfiler. Estas dos potencias o energías se encuentran en lucha continua; mientras una crece la otra disminuye, pero nunca se extingue.

Nosotros, como hijos de este mundo, solemos caer en un dilema semejante. Como lo hicieron los fariseos del tiempo de Jesús. Ellos también creían que en el mundo estaba compuesto en código binario: I y O, como si cualquier problema sólo tuviera dos posibles soluciones. O Jesús aceptaba el tributo al César y era un herético anti-judío, o no lo aceptaba y era un rebelde sin causa ni futuro. Pero los fariseos no se dieron cuenta que ellos eran unos simples usuarios intentando hackear al Programador que creó todo de la nada.

Dios no hizo el mundo en código binario, sino en código "infinitario". No existen dos respuestas, sino infinitas. No existen sólo dos caminos, sino infinitos, o uno que importa: Cristo Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida. ¡Obvio que Jesús no iba a caer en la trampa! Como tampoco caeremos nosotros si lo seguimos a Él. Dios creó este mundo: no lo podemos satanizar diciendo que todo es malo: el Internet, las redes sociales, los celulares, los bestsellers, los hits del Billboard Hot 100… El universo no es un genio malvado que nos quiere corromper: ese es el demonio y algunos de sus secuaces humanos que ya se sometieron a su poder, y lo de genio era una exageración: si no, ya se habría dado cuenta de que ya perdió la guerra. Nosotros sigamos el Camino correcto y aprendamos a apreciar la belleza de la creación que nos rodea. Y si hay algo en el mundo que puede generarnos problemas, pues demos "al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".

infinitesima anim

Foto: Good vs. Evil by Tonfish

H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

"Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!" (Sal 15,6) Nací en El Salvador. Sólo Dios sabe cómo llegué a la Legión: lo que importa es que ya estoy donde quiero estar. Ahora trabajo en la promoción vocacional en Centroamérica, mientras me acerco cada vez más al sacerdocio.

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