Fiesta de gala

Escrito por  Lunes, 16 Octubre 2017 00:00

Por H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

"Volvió a hablarles Jesús en parábolas, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos»."
(Mt 22,1-14 / XXVIII Domingo Ordinario A)

Acabo de estar en Guatemala y varios colegios en los que hemos trabajado están concluyendo su ciclo. Eso significa una cosa: fiesta de graduación. Como con las bodas, las confirmaciones, los 15 años, los Bar Mitzvahs, la excusa es buena para conseguir un nuevo vestido o un nuevo traje. Nadie quiere presentarse con el mismo vestido de la vez pasada o con el traje que lleva al trabajo dos días a la semana. Desde que uno recibe la invitación para una de estas fiestas, empieza a pensar en cómo se va a vestir: el color, el corte, la tela…

Y como todos sabemos, ya hemos recibido una gran invitación: somos invitados de honor para las Bodas del Cordero (Ap 21,9-22,20). Sobraría decir que tenemos que apartar la fecha de inmediato: la eternidad. No podemos dejar que nuestras "tierras" o "negocios" o cualquier otra cosa nos impidan asistir a la fiesta más grande e importante de la historia. Y gracias a Dios, todavía nos queda suficiente tiempo para preparar nuestro traje o nuestro vestido.

Domingo Savio, pequeño adolescente del Piemonte, se encontraba un día frente al sacerdote Juan Bosco. Nuestro intrépido joven deseaba con ardor ser admitido en el Oratorio de Turín. A la pregunta de Domingo sobre ser aceptado o no, Don Bosco respondió: "Ya veremos. Me parece que la tela es buena." El pequeño Domingo no pudo contener su curiosidad ante tal respuesta: "Y ¿para qué podría servir esa tela?", le preguntó. A lo cual, Don Bosco, con una sonrisa en el rostro, le dijo: "Bueno, Domingo, esa tela puede servir para hacer hermosos trajes y regalárselos a Dios Nuestro Señor."

Domingo no titubeó un solo instante. Su respuesta fue rotunda y decisiva: "Pues bien, yo soy esa tela y usted es el sastre. Lléveme a Turín y haga de mí un buen traje para el Señor." Y con esa misma tenacidad vivió los siguientes tres años de su vida…, los últimos tres años de su vida. Pero esos tres años le bastaron para preparar un hermoso traje, digno de la fiesta a la que se dirigía.

Domingo quería ser un traje hermoso para el Señor. Por eso se consiguió un excelente sastre, que lo ayudara con las medidas, los cortes, la costura. No es trabajo fácil hacer un traje o un vestido, uno que valga la pena, uno que deje a Dios encantado. Se requiere tiempo, dedicación, esfuerzo, sacrificios y un buen sastre, un buen director espiritual. Domingo era tela buena porque era tela dispuesta a ser trabajada, porque quería ser santo. Y vos, ¿querés ser santo?

Foto: Tailor Made London

H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

"Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!" (Sal 15,6) Nací en El Salvador. Sólo Dios sabe cómo llegué a la Legión: lo que importa es que ya estoy donde quiero estar. Ahora trabajo en la promoción vocacional en Centroamérica, mientras me acerco cada vez más al sacerdocio.

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