¿Cuánto cuesta la salvación?

Escrito por  Domingo, 08 Octubre 2017 00:00

Por H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

"Escuchad otra parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos."
(Mt 21,33-43 / XXVII Domingo Ordinario A)

Si no has visto Gladiator ya sabés qué sigue en tu lista de Netflix. Y para quien ya la vio, o sabe de qué se trata, me entienden cuando digo que tenemos un excelente ejemplo de un "héroe fracasado" en apariencia. A lo largo de la historia, sea del mundo real, sea de la literatura, podemos encontrar dos tipos de héroes: el primero, más glorioso, más apantallante, que está por encima de todos. Nadie puede detenerlo, siempre sale victorioso en la batalla; el segundo, a veces no parece tan héroe como algunos dicen.

Suele ser "uno más" entre la multitud, con fallas y defectos, aunque cuente con algunas características que lo destaquen en ciertos campos. Es noble, bueno de corazón y quiere el bien y la justicia para otros. Nos resulta fácil ponernos de su lado, desear que triunfe, sufrir cada paso del camino con él, alentados sólo por la esperanza de verlo vencer el mal que lo rodea. Y seguimos sufriendo hasta la última página del libro, cuando los créditos ya se acabaron…, años después de su muerte. Porque así suele terminar: con la muerte de nuestro supuesto "héroe".

Nos duele aunque sepamos que era necesario. Nos duele aunque sepamos que era la única opción. Nos duele aunque se trate de un libro o una película. Nos duele porque resuena en lo profundo de nuestro corazón. Toca esa nota que nos recuerda el sonido de la verdad, una verdad que todos llevamos inscrita en nuestro corazón. Sabemos que, entregando su vida, venció. Que no lo podría haber logrado sin ese sacrificio.

Y en nuestro corazón resuena una música profunda y antigua. Estas notas cantan al amor, un amor tan grande que es capaz de darlo todo, incluso la vida, por el amado. Le cantan a ese Amor del que hemos salido y al que todos nos dirigimos. A ese Amor del que estamos hechos, lo queramos o no.

Es fácil ver a un gladiador dando su vida por el Imperio, a un padre de familia derramar cada gota de su sangre por su esposa y su hijo. Hasta que la historia deja la pantalla, deja las hojas, deja las leyendas y se vuelve realidad. ¿Cuántas familias han perdido padres e hijos porque estos defendían a su país en la guerra? ¿Cuántas familias rotas por la violencia armada? ¿Cuántos padres que se desviven trabajando por darle a sus hijos la formación que ellos nunca tuvieron? Y entonces corren las lágrimas. Se alzan los gritos al cielo. Cuestionamos a ese Dios que rige el universo.

Porque a veces se nos olvida. Se nos olvida que Él nos hizo por amor. Nos hizo para disfrutar de su amor. Y hemos sido nosotros los que lo hemos traicionado. Aun así, siendo todavía enemigos (Rom 5,10), Él se hizo hombre como nosotros. Vivió 30 años en un pueblito perdido de Galilea. Nos habló de Dios, del Cielo, del Amor, durante tres años, y sólo recibió desprecio, calumnias y persecución. Fue apresado, torturado y llevado a su muerte en una cruz. Él podía detenerlo todo, cambiarlo, con sólo medio pensamiento.

Pero no lo hizo. Se dejó vencer. Dejó que el mundo lo viera como un fracasado. Porque Él sabía, al igual que nosotros lo sabemos en lo profundo de nuestro corazón, que el héroe vistoso, apantallante, no es el verdadero héroe. El verdadero héroe, el Salvador, nace del amor, vive en el amor y se dona por amor, aunque le cueste su propia vida. Porque "nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos" (Jn 15,13).

salvacion anim

H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

"Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!" (Sal 15,6) Nací en El Salvador. Sólo Dios sabe cómo llegué a la Legión: lo que importa es que ya estoy donde quiero estar. Ahora trabajo en la promoción vocacional en Centroamérica, mientras me acerco cada vez más al sacerdocio.

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