Lo que el viento no se llevó… ¡Aleluya!

Escrito por  Martes, 26 Septiembre 2017 00:00

Por Maleni Grider

"Si pasas por las aguas, yo estoy contigo, si por los ríos, no te anegarán. Si andas por el fuego, no te quemarás, ni la llama prenderá en ti."
Isaías 43:2

Desde el hotel en Mississippi vimos el ojo del huracán Irma pasar sobre la ciudad de Naples, la ciudad en donde vivimos, reconocimos su furia, así como las avenidas por las que solemos transitar todos los días en nuestra vida diaria. Es extraño ver el banco, el centro comunitario, el centro comercial, las avenidas en las que manejamos con nuestros niños, en donde solemos trabajar, en donde caminamos y compramos, llenas de viento y agua. Quizá la ciudad será zona cero. Pensamos en nuestros amigos, lo que se quedaron ahí. Los minutos pasan hasta que el huracán sale de Naples y se dirige al norte, hacia Fort Myers, Tampa, y luego Georgia, etcétera. El mar se ha alejado unos metros. Volverá e inundará la ciudad. Nuestro hijo Michael se quedó en Naples. Siendo mayor de edad tomó su propia decisión a pesar de que nos opusimos. Hoy sólo podemos pedir por él mientras pasa la noche en el refugio. Confiamos en la protección de Dios.

Pensando en todo lo que dejamos en Naples, mi esposo y yo salimos a orar en el auto: “Señor, que no se haga nuestra voluntad sino la tuya… tú nos diste todo lo que tenemos, todo es tuyo. Lo que nos quites lo dejaremos ir. Haremos todo lo que tú nos digas. Dinos qué hacer y a dónde ir. Ten misericordia de Naples, de Florida, y socorre a nuestros hermanos en Cuba, Puerto Rico, República Dominicana y otras Islas…” El Señor nos dice: “No se acuerden más de otros tiempos, ni sueñen ya más en las cosas del pasado. Pues yo voy a realizar una cosa nueva, que ya aparece. ¿No la notan? Sí, trazaré una ruta en las soledades y pondré praderas en el desierto”. Isaías 43:18 y 19

Escuchamos del temblor en la ciudad de México, mis padres y hermanos viven ahí. Mi hermano vive en Chiapas, donde fue el epicentro y hay alerta de tsunami. Por si fuera poco, también este acontecimiento. Volvemos a doblar las rodillas. Mis padres me dan todo el reporte de lo que está ocurriendo y sé que están a salvo. Nuestro hijo Michael también está a salvo. Se comunica con nosotros con la poca batería que consigue para su celular. Descansa nuestro corazón.

Los siguientes días, Naples y otras partes de Florida, como Miami, están sin electricidad. Michael nos dice que no hay aire acondicionado, ni agua para beber, ni gasolina, y el único centro comercial abierto tiene poca comida. Hay algunas inundaciones. Pero no hay destrozos mayores. La mobile home que vendimos a Christian está completa, el agua no la anegó. No podemos volver a Naples porque no hay hoteles disponibles, todo está reservado. Tampoco hay suficiente gasolina porque todos van de vuelta a Florida, los caminos están saturados. La renta de autos está casi agotada y los aeropuertos principales están cerrados o apenas empezando a funcionar.

Permanecemos en Mississippi. Tras muchas llamadas, emails y visitas, pudimos conservar el auto rentado, en el aeropuerto nos arreglan para no pagar recargos por no entregarlo de vuelta en Naples, y nos extienden su uso hasta fin de mes. Tenemos tanques llenos de gasolina. Conseguimos habitación en Spring Hill Florida para el día siguiente. Manejaremos ocho horas. Ahí visitaremos la casa nueva que compraremos. ¡El huracán no la dañó! Todo sigue en pie. Dios ha tenido misericordia de nosotros y de muchas familias. El huracán pudo haber devastado o incluso la gente pudo haber perecido, pero hubo muy pocas pérdidas comparado a lo que se había pronosticado.

El huracán era un monstruo, pero mayor es nuestro Dios. Pusimos toda nuestra confianza en Él y hemos visto nuestra ciudad levantarse poco a poco en unos días, sin mayores daños, a pesar de que el ojo violento del huracán pasó encima. Incluso los reporteros en medio del ciclón, y cuando éste terminó de pasar expresaban: “Increíble estar en medio del ojo del huracán y no ver ninguna catástrofe…”. Los refugios fueron abiertos esa misma noche y al día siguiente. Muchos volvieron a sus hogares. No tenían luz, ni mucha agua para beber, pero lo sobrellevaron.

Regresaremos a Naples a recoger las pertenencias que dejamos ahí, y luego iremos a nuestro nuevo destino: Spring Hill, donde finalmente terminaremos el trámite de nuestra casa nueva. Todo fue preservado por nuestro amado Señor. ¡Gracias Padre, nuestras vidas son tuyas, y todo lo que tenemos también! ¡Te alabamos!

Maleni Grider

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