Para encontrar a Dios

Escrito por  Miércoles, 13 Septiembre 2017 00:00

Por P. Jaime Bordons, L.C.

Leyendo el libro de la Sabiduría, encontré el siguiente texto:

“Amad la justicia, los que regís la tierra, pensad correctamente del Señor y buscadlo con corazón entero: Lo encuentran los que no exigen pruebas, y se revela a los que no desconfían… Los que confían en Él comprenderán la verdad, los fieles a su amor seguirán a su lado”

En muchas ocasiones surge en nuestro corazón la necesidad de encontrar a Dios, o quizá la duda de si está o no está presente; de dar una respuesta válida a nuestra vida o a un momento particular. Esto no es simplemente fruto de una reflexión casual, es la misma mano de Dios la que guía nuestro pensamiento. Dios quiere que le encontremos porque nunca deja de estar a nuestro lado.

El libro de la Sabiduría, sale hoy en nuestra ayuda. Según el texto que les propongo, ¿quiénes encuentran a Dios?

Primero menciona a los que “no exigen pruebas, los que no desconfían”: en la vida no hay nada que no esté previsto por Dios, ni una sola situación particular por pequeña que sea, ni un solo detalle; así las moléculas de oxígeno que contiene el aire que inhalamos en cada momento las ha creado Dios para yo respire; el paisaje que veo lo ha creado Dios para que yo disfrute al contemplarlo; el alimento que comemos lo ha creado Dios para que yo subsista; la dificultad que surge hoy me la regala para que yo que crezca en una virtud. Dios hace todas las cosas por amor y para cada uno, en personal.

Ante esta verdad, ¡cómo no sentirnos amados por Dios!, ¡cómo no agradecer al amor de Dios ese inmenso banquete de gracias que con dulzura, en silencio y sin hacer ruido, nos prepara todos los días a cada uno. Sería una lástima perder esto por “exigencias de pruebas o por desconfianza”, como los esposos que continuamente piden pruebas del amor del otro (fruto del propio egoísmo) y en cambio olvidan lo que reciben cada día. A Dios le gusta que le agradezcamos lo que hace por nosotros y el alma fina sabe descubrirlo, haciendo de ello alimento de su oración.

Segundo, los que “confían en Él comprenderán la verdad”: un niño no le pregunta a su madre si colocó dos gramos de sal o uno, si se acordó de cocer la comida quince minutos o cuantos…, simplemente la recibe sin pensar más que es su mamá quien se la ofrece, y sólo puede ser buena.

Así a Dios le agrada que confiemos en Él, que le contemos nuestros quehaceres cotidianos (precisamente los de cada día), nuestras ilusiones, fracasos o éxitos. Porque en ese diálogo (y dije bien, diálogo no monólogo) es cuando deja caer en nuestras almas, gota a gota, esas “respuestas” que necesitamos escuchar en nuestra conciencia a esas preguntas que de vez en cuando nos atrevemos a formularle.

Así nos habla Dios, no requiere enviar una carta, por si no lo sabían les informo que en el Cielo no existe ni el fax ni el acceso a internet o no necesita el Señor “aparecerse” físicamente para estar junto a nosotros, le basta mantener ese diálogo de amor a lo largo del día; escucha todo lo que le decimos y en el momento que menos esperamos nos envía sus palabras desde el Cielo: una situación particular que me hace reflexionar sobre el dolor, un momento de alegría inesperado, una lectura en un libro, un acto de amistad de otro, un comentario de alguna persona, todo esto y mucho más le sirve a Dios para aprovechar el momento y dejar una huella de eternidad en nuestra conciencia.

Dios existe y me habla todos los día a través de sus instrumentos. Aprender el arte de descubrirlo es aprender a vivir el gozo de saberse amado desde siempre y para siempre por un Padre sin barreras, sin fronteras y sin límites.

Santa Teresita del Niño Jesús, comenta en su libro: “Historia de un alma” que si ella hubiera cometido todos los pecados del mundo, no se desesperaría, inmediatamente y sin pensarlo se arrojaría en las manos de la misericordia divina.

Estos son los que le encuentran a Dios, los que “confían en Él, los que no le exigen continuamente pruebas”, como el novio que deshoja veinticinco veces a diario una margarita para saber si su novia “le quiere o no le quiere”, porque estos son los que “son fieles a su amor”.

Como comprenderán, si la vida se vive así, la vida es alegre, porque no la vivimos solos, hemos encontrado a Dios.

Les invito, hoy mismo, a hacer la experiencia.

encontrar anim

P. Jaime Bordons, L.C.

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