Crónica de un huracán anunciado

Escrito por  Martes, 12 Septiembre 2017 00:00

Por Maleni Grider 

Hace dos semanas escribíamos reflexiones sobre el huracán que azotó al estado de Texas. Ese evento que devastó a muchos. Y hoy somos nosotros, en Florida, quienes huimos del huracán. Henos aquí, en la carretera, tratando de salir del estado, con ocho tripulantes a bordo, en medio de un éxodo de autos, atestiguando la extinción de la gasolina en la ciudad, repisas vacías en las tiendas, ausencia de agua embotellada y, por supuesto, la aparición de la debilidad humana, su naturaleza, su desesperación, su violencia en algunos espacios. Pero la paz del Señor permanece con nosotros, porque Él es fiel a su palabra. Nuestros corazones están seguros y confiados.

El plan es salir con cuatro días de anticipación, pues ya calculamos el impacto de este monstruo de agua y viento. Calculamos también el tráfico en la carretera, la falta de agua para beber, la escasez de alimentos en las tiendas, la ausencia de combustible, el retardo en todo, y esto sólo antes de la llegada del huracán. Pero el después del huracán es difícil de calcular. Nadie lo sabe. Sin embargo, todos sabemos, basados en la ciencia, la tecnología, la experiencia, la sabiduría popular y el sentido común, que este evento será potencialmente devastador. Por eso, no lo dudamos, sólo empacamos para irnos.

Ahora bien, por meses intentamos vender nuestra casa en Naples, Florida, y comprar una nueva en una ciudad diferente. Llevó varios meses, pero muchos inconvenientes aparecieron, impidiéndonos de manera increíble poder vender la casa, a pesar de que todo estaba en orden. Finalmente, hace un mes encontramos al comprador. Llevó un mes el proceso de venta. Llegó el día de mudarnos para poder entregar la casa el día 5 de septiembre. Bajo contrato recibimos una cantidad mínima para apartar la casa. Firmamos junto al comprador.

Nos mudamos el sábado y domingo 2 y 3 de septiembre. El lunes 4 de septiembre, nos dedicamos a limpiar la casa para entregarla al día siguiente. Como una casa móvil (mobile home), a pesar de ser grande, la casa es vulnerable a las tormentas. El lunes terminamos todo, listos para entregar la casa. Pero ese día sólo supimos que debíamos dejar no sólo Naples sino Florida, por la llegada de este huracán Irma, que nos tomó por sorpresa. Categoría 5 es un monstruo con el que no se puede jugar.

Llegó el martes y el comprador no nos llamó ni contestó nuestras llamadas. Y ahí estábamos… en una casa provisional rentada, para liquidar el proceso de compra de nuestra nueva casa en Florida, habiendo dejado ya la casa antigua, la mobile home. Pronóstico en los noticieros: devastación, inundaciones que destruirán muchas construcciones, autos, hoteles, y ¡completa destrucción de mobile homes! Si el comprador no nos llama, el huracán destruirá nuestra casa, no tendremos el dinero de la venta de la misma, por lo tanto: no tendremos casa ni dinero, es decir, no habrá manera de comprar la casa nueva. Mal escenario.

Señor, pero tú nos guiaste en todo este proceso, oramos día a día y escuchamos tu voz. ¿qué está pasando? No entendemos. De hecho, competimos por una casa que nos gusta y, luego de unos días, tú nos la concediste, está lista para que la compremos porque ganamos la casa con nuestra oferta. ¿Y ahora qué? No podemos quedarnos en la calle, eso no suena a una de tus promesas. ¿Y nuestros hijos? Mientras mi esposo empacaba y organizaba a nuestros niños para salir de Naples al día siguiente, esperábamos al mismo tiempo al comprador. Pero ¿quién va a cumplir un contrato de compra de una mobile home en Florida cuando el huracán Irma viene con categoría 5? La respuesta es obvia: nadie. Señor, ¿puedes ayudarme a entender? ¿Acaso vas a hacer un milagro y proteger nuestra casa móvil de la tormenta? Sé que puedes hacerlo, pero, científicamente no es posible. Sólo contigo.

Me fui a orar a la mobile home. Oré caminando por toda la casa ya vacía, canté alabanzas a mi Dios. Le pregunté ¿qué vamos a hacer? ¿Cuál es tu plan? ¿Deberemos olvidarnos de nuestra única propiedad y perderlo todo? Creo que hace poco escuchamos tu voz. Señor, nosotros creemos en tus promesas… Mientras oraba, mi esposo llega de repente a la casa donde estoy orando. Me interrumpe con dulzura y me dice “tengo algo que decirte…”. Sigo cantando con los ojos cerrados… “El comprador llamó hace un momento, quiere comprar la casa y lo vamos a ver a las 4 de la tarde en el banco”. Tomó dos horas ir y cerrar el trato. Hubo complicaciones en el banco y parecía que perdíamos la venta.

Pero eventualmente todo ocurrió. Recibimos el dinero, entregamos el título de la casa y nos fuimos a recoger a nuestros hijos en la última hora del banco. Después cerraron. Fuimos por los niños, empacamos, rentamos un auto. Dejamos nuestros autos estacionados pues son usados y no resistirían un viaje largo. Sólo documentos, ropa básica y tarjetas, dinero. Al día siguiente partimos de Florida y manejamos al Norte, el jueves llegamos a Alabama, y el viernes en la noche a Mississippi, donde permanecemos a salvo, y con el dinero de nuestra casa en el banco. ¿Cómo es que alguien nos compró la casa? Naples es ahora, en este momento, domingo 10 de septiembre, la ciudad que recibe el ojo del huracán, quizá será zona cero. El agua está entrando a torrentes, pronostican inundación de cuatro metros y medio. Creo que perderemos nuestros autos y todo lo que se quedó atrás. Pero nuestras preciadas vidas, las que Dios nos dio, están a salvo. Nuestros hijos duermen en una cama tibia en Mississippi, tenemos comida y electricidad en el hotel donde nos hemos refugiado, lejos de Florida, lejos del peligro.

No hemos dejado de orar. No sabemos qué pasará, pero sí sabemos que Dios nos dará una dirección, su bendición y sus prodigios, porque Él es Dios. Esperaremos tres días en oración para escuchar su voz. Seguiremos testificando las maravillas que Él hace. Y esperamos con toda nuestra fe que no haya pérdidas humanas. Por cierto, ¿el nombre del comprador? Christian. Tal vez era un ángel, no lo sé…

huracan anim

Maleni Grider

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