Si Betesda no es para ti... ¡ahí está Jesús!

Escrito por  Miércoles, 06 Septiembre 2017 00:00

Por Maleni Grider

“Hay en Jerusalén, cerca de la Puerta de las Ovejas, una piscina llamada en hebreo Betesda. Tiene ésta cinco pórticos, y bajo los pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, tullidos y paralíticos. Todos esperaban que el agua se agitara, porque un ángel del Señor bajaba de vez en cuando y removía el agua; y el primero que se metía después de agitarse el agua quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Jesús lo vio tendido, y cuando se enteró del mucho tiempo que estaba allí, le dijo: ‘¿Quieres sanar?’ El enfermo le contestó: ‘Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua, y mientras yo trato de ir, ya se ha metido otro’. Jesús le dijo: ‘Levántate, toma tu camilla y anda’. Al instante el hombre quedó sano, tomó su camilla y empezó a caminar”.
Juan 5:2-9

Cuando una enfermedad o un problema nos agobia, normalmente pedimos a Dios su ayuda. Al igual que el hombre de Betesda, en Jerusalén, intentamos ser los primeros en la fila para recibir la sanidad o el auxilio del Señor. Sabemos que no somos los únicos, que hay personas en peores situaciones que la nuestra, pero también conocemos la inmensa misericordia y el inconmensurable poder de Dios, por lo que esperamos recibir su favor, y recibirlo pronto.

Todo esto tiene fundamento teológico, pues nuestro Dios es bueno y siempre está dispuesto a ayudarnos, bendecirnos, prosperarnos. En muchas situaciones, nos sentimos un tanto inútiles, paralíticos, discapacitados. Necesitamos la intervención de Dios. Su amor, su sabiduría, su ayuda son indispensables para que podamos superar cualquier crisis.

Esta historia del estanque llamado Betesda, a donde un ángel del Señor venía de vez en cuando y sanaba a los enfermos, es inspiradora en varios sentidos. Este hombre llevaba muchos años postrado, había hecho todos los esfuerzos posibles por llegar primero al agua para ser tocado por el ángel, pero siempre había alguien más rápido que él. Es fácil imaginar la frustración y desesperanza que él sentía. Sin embargo, el día menos pensado, el Hijo de Dios vino a su vida y le habló. El estanque dejó de ser necesario.

Luego de una breve conversación, Cristo, como siempre, se fue al área personal y preguntó al enfermo: “¿Quieres sanar?” Todavía, el hombre le respondió con una explicación sobre las circunstancias, exponiendo su desesperación ante el Señor. Jesús parece no tomar en cuenta nada de eso, y simplemente le dice: “Levántate…” Lo que está pidiendo al hombre es no sólo tener fe, sino mostrar una determinación extrema. Hasta entonces, él había tratado de llegar al estanque, de acuerdo a la posibilidad de su cuerpo. Ahora Jesús le pedía levantarse, no arrastrarse ni intentarlo, sino ponerse de pie, vencer su incapacidad de hacerlo. Vencer el mundo físico con su determinación.

En segundo lugar, el Señor le dijo “toma tu lecho…” En otra palabras, le estaba pidiendo dejar el lugar de su postración, tomar control de éste, renunciar a estar acostado en ese terrible lecho en el que había estado por treinta y ocho años, y levantarlo. Por último, le dijo “Anda”. Jesús le ordenó ir adelante, hacer lo imposible. Cuando él decidió hacerlo, y mientras lo hacía,  el hombre fue libre.

La determinación para creer y hacer lo imposible, la acción concreta de retar la realidad, el dar un paso de fe sin dudar, son elementos que pueden reflejar nuestra fe y confianza en Dios. Si bien, es Él quien hará el milagro y otorgará la sanidad, o la solución a nuestro problema, también es cierto que Dios nos pide tomar la decisión de creerle, desafiar los problemas, cualesquiera que éstos sean, y dar pasos concretos de fe, movernos, ir hacia adelante tomados de su mano, dejar nuestra postración, mantener una actitud de victoria sobre el mal, sabiendo que Él está ahí, frente a nosotros, pidiéndonos determinación, valor, entereza.

Nuestra mayor enfermedad o discapacidad es el temor, la falta de fe. Asimismo, el no enfrentar las crisis sabiendo que nuestro Señor está ahí para socorrernos en toda circunstancia. Si no podemos ir al estanque, Cristo sí puede venir a nosotros. Él está dispuesto a liberarnos de inmediato, si estamos determinados a recibir su ayuda.

betesda anim

Maleni Grider

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