¿Tienes seguro?

Escrito por  Lunes, 04 Septiembre 2017 00:00

Por Maleni Grider

Con el fin de proteger nuestra vida, nuestra familia y nuestro patrimonio, a menudo adquirimos diferentes tipos de seguros: de vida, médicos, anti-accidentes, antirrobo, etcétera. En el tiempo de la dificultad, este tipo de prevención nos respalda, y es mucho más sencillo enfrentar cualquier situación adversa inesperada.

En el mundo espiritual, la cobertura de Dios es incondicional para aquellos que permanecen bajo la sombra de sus alas (Salmo 17:8). Quienes de mañana lo buscan, quienes constantemente se quedan junto a Jesús y claman a su nombre, quienes desean comer el pan de vida y beber el vino de la consagración, tienen muchos más candados de protección contra el mal que aquellos que viven sin temor ni reverencia al Señor.

"...sufrieron
consecuencias
graves..."

Sin embargo, aún quienes creemos en Cristo y le seguimos podemos caer en situaciones donde expongamos nuestra propia seguridad, tanto emocional como física y espiritual. En la Biblia existen numerosos ejemplos de ello. Varios hombres de Dios, por su desobediencia, salieron de la cobertura del Señor y sufrieron consecuencias graves.

Uno de ellos fue el rey David, uno de los hombres más amados por Dios. Éste violó los mandamientos del Señor al dejarse llevar por sus deseos, cometió adulterio, mintió deliberadamente, mató a un hombre y contaminó la pureza de su corazón con el pecado de la lujuria. Cuando tuvo que enfrentar las consecuencias, la muerte del hijo que tuvo con Betsabé (esposa de Urías) fue una de ellas. Y aunque ayunó y oró delante de Dios por mucho tiempo, el niño murió.

"...Nuestro seguro
espiritual es la
obediencia..."

La desobediencia, el pecado, la rebeldía son puertas abiertas al enemigo de nuestras almas, el diablo, quien aprovechará toda acción contraria a Dios para atacarnos, influenciarnos, seducirnos, oprimirnos, torturarnos y, si se puede, destruirnos, matarnos. El pecado trae muerte espiritual a nuestra vida, no importa cuán firmes en la fe hayamos estado en el pasado. Si decidimos deshonrar a Dios, desobedecer sus mandamientos, las consecuencias caerán sobre nosotros. Confesar nuestros pecados traerá el perdón de Dios a nuestra vida, pero aún tendremos que enfrentar las consecuencias de nuestra desobediencia, tal como Adán y Eva lo hicieron.

Si, por ejemplo, tuviéramos que ir a corte por haber sido parte de un accidente automovilístico, lo primero que el juez nos preguntaría sería “¿Tiene usted seguro para su auto?”, y si respondiéramos “No”, el juez diría “Perdón, pero no puedo ayudarle. Deberá pagar la suma íntegra de los daños. Caso cerrado”. Lo mismo ocurre con Dios, Él nos preguntará “¿Qué estabas haciendo? ¿En qué estabas pensando? ¿Creíste que yo no te veía?” Nuestro seguro espiritual es la obediencia. Dios puede ampararnos, rescatarnos, ayudarnos, o incluso hacer milagros por nosotros cuando andamos bajo su luz, en obediencia, cuando honramos su nombre.

"...Nos pedirá
cuentas..."

Pero cuando optamos por la desobediencia abierta, salimos de la cobertura de Dios y quedamos a merced del mal. ¿Cómo podemos atrevernos a pedir la protección o el favor de Dios si quebrantamos sus mandamientos de manera alevosa, sin considerar las consecuencias de nuestros actos, y sin temer a la disciplina?

A menudo queremos recibir la bendición sin someternos a la obediencia. Pero esto no funciona así. Dios es misericordioso, sin embargo, también es justo, y como buen Padre corregirá a sus hijos cuando ellos anden en rebeldía. Si no tenemos “seguro espiritual”, deberíamos temer. El verdadero arrepentimiento podrá darnos otra oportunidad, pero sólo el andar en los senderos de justicia y rectitud del Señor nos dará la cobertura total que necesitamos para ser librados del mundo de maldad y tinieblas.

Jesucristo es el juez que vendrá. Nos pedirá cuentas. Y, por supuesto, lamentaremos si no tenemos seguro anticorrupción. La obediencia es nuestra mayor protección.

seguro anim

Maleni Grider

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