Una imagen pequeñita y hermosa

Escrito por  Viernes, 01 Septiembre 2017 00:00

Por Mons. Carlos Cardona Rubio

En el municipio de Naucalpan, Estado de México, entre colinas se distingue en las noches la luz de un bello templo: la Basílica de Nuestra Señora de los Remedios. Una imagen que tengo grabada desde pequeño, recuerdo la primera misa que viví en el entonces Santuario; coincidía con los 15 años de la coronación de la Virgen de los remedios, una misa hermosa, celebrada por el recién nombrado Arzobispo de Tlalnepantla, Mons. Manuel Pérez Gil González. Todos los sacerdotes de la arquidiócesis estaban presentes, varios obispos y todo el seminario, al cual, yo acababa de ingresar.

Recuerdo desde la puerta ver ingresar a aquel imponente arzobispo, un hombre de gran altura y fuerte personalidad. Deteniéndose en el umbral de la puerta miraba en el fondo la pequeña imagen de la virgen de los remedios, fue la primera vez que pude ver la imagen.

Se vivía un ambiente de fiesta. A todos los seminaristas de recién ingreso, al terminar la Celebración Eucarística, nos llevaron  a conocer por el camerín en la parte de atrás, la imagen de la Virgen. Con el niño Jesús en sus brazos y un maguey a sus pies con una luna, era una imagen pequeñita y hermosa. Nos explicaron que la virgen de los remedios fue consagrada como patrona de los sacerdotes de la arquidiócesis, es la patrona del clero diocesano.

Cada año, durante la vida del seminario, peregrinábamos con alegría el primero de septiembre para encontrarnos con la imagen de la Virgen.  Qué ilusión me hizo la primera vez que, con otros tres hermanos seminaristas, tuve la ocasión de cargar la imagen de la basílica a la capilla abierta de San Miguel Arcángel, una capilla impresionante coronada con una gran escultura de San Miguel venciendo al demonio. Muchas veces tuve la oportunidad de cargar esa imagen.

En mi último año como seminarista tuve el gran regalo de vivir en el Seminario de los Remedios, a los pies de la virgen. Varias veces a la semana vivíamos la misa en la basílica, todo el seminario entraba en procesión junto con el pueblo de Dios con gran alegría.

Ese último año fui ordenado diácono y fui enviado precisamente a la Basílica de los Remedios a ejercer mi ministerio sacerdotal. Iba a ilusionado, era la primera vez que iba a bautizar, dije “voy arecordar el nombre y el número exacto de niños que voy a bautizar”, y ¡sorpresa! La primera vez que bauticé en la basílica tuve que bautizar 150 niños. Todas las tandas eran de la misma cantidad, un poco más, un poco menos, pero fue imposible recordar los nombres de los niños que bauticé el primer día. Al contrario, había sido desbordante la misericordia de Dios en tantos niños que fueron pasando. Sólo tengo presente que la primera, fue una niña.

Porque todavía hoy todos los fines de semana cientos de niños son bautizados cerca de la Virgen de los Remedios. La gente quiere que su niño se bautice al lado de la Virgen. Y lo  mismo pasó con los demás sacramentos que tenía que impartir: bodas realicé más de las que pensé, bendiciones, bautizos…, fue un número gigante en el poco tiempo que estuve en la basílica como diácono con mucha alegría.

Pero mi mayor recuerdo en torno a la Basílica de los Remedios no fueron mis primeros bautizos sino el día 6 de enero de 1999, yo junto con 6 jóvenes caminábamos hacia el atrio de la basílica. Era el día de nuestra ordenación sacerdotal. Fuimos ordenados sacerdotes a los pies de la Virgen.

Ahí, el señor arzobispo, Ricardo Guízar Díaz, dijo las hermosas palabras de  la ordenación sacerdotal y nosotros temblando concelebramos por primera vez la Eucaristía en torno a nuestro obispo.

Con el paso de los años he conocido y descubierto la profunda devoción del pueblo de Dios hacia la Virgen, especialmente de nuestros hermanos de Huixquilucan, quienes peregrinan con devoción cada año dicen que desde hace por lo menos tres siglos hasta los pies de la Virgen de los Remedios. Este año tuve la ocasión de celebrarles en la madrugada la misa: los niños y los danzantes, todos con una devoción y una piedad especial a nuestra madre en común. La patrona de la Arquidiócesis de Tlalnepantla, Nuestra Señora de los Remedios.

Mons. Carlos Cardona Rubio
Vicario Episcopal de la VI Vicaría de la Arquidiócesis de Tlalnepantla

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