Alguien tiene que morir

Escrito por  Martes, 04 Julio 2017 00:00

Por Maleni Grider

Además, según la Ley, la purificación de casi todo se ha de hacer con sangre, y sin derramamiento de sangre no se quita el pecado.
Hebreos 9:22

El pecado en nuestra vida nos separa de Dios. El pecado es separación de Dios. Y la separación de Dios produce muerte. Cuando en nuestro diario vivir pecamos contra otros, esto produce pleitos, separación, división. Nuestra familia es la que más puede dar testimonio de esto.

Ahora bien, dentro de la tradición judía y bajo la ley de Moisés, la remisión de pecados se obtenía con el sacrificio de un cordero, es decir, con el derramamiento de su sangre. Sin sacrificio no había perdón. Por ello, Cristo, como el Cordero de Dios, logró la expiación por nuestros pecados.

"...cuando pecamos
creamos división..."

Dividir, separar es, en términos generales, matar también. De alguna manera, cuando pecamos y creamos división en nuestra familia, en vez de unir, estamos trayendo muerte a nuestro hogar. La unidad y el amor dan por fruto la vida. Pero la falta de unidad, la confrontación, la división traen muerte (hablamos de la muerte espiritual, por supuesto).

Para conservar la armonía y la vida en la familia, es necesario renunciar a nuestro pecado. Alguien tiene que morir. Morir a nosotros mismos es la única manera posible de mantener un matrimonio unido, de conservar a la familia feliz y en unidad. Alguien tiene que morir a su ego: sus ideas, sus deseos, sus opiniones, sus sueños, sus caprichos, sus necesidades, sus obstinaciones, sus hábitos, sus conveniencias, sus maneras.

"...con los
acuerdos
se logra
la paz..."

Cada integrante de la familia debe pensar en los demás y no sólo en sí mismo. Y si es necesario, a veces hay que sacrificarse por los otros, a fin de conservar el equilibrio, la armonía, o bien para lograr la reconciliación. Con los pleitos se provoca la guerra, con los acuerdos se logra la paz. Obstinarse en siempre salirse con la suya y que las cosas se hagan como nosotros queremos no traerá sino desavenencia y resentimiento.

Cuando Jesús se negó a sí mismo, cargó su cruz y murió por los demás, no lo hizo sólo por sus familiares y amigos, sino también por los pecadores, por los criminales, por los estafadores, por los mentirosos, por los asesinos. Esa era la única forma en que podría establecerse la paz entre los hombres nuevamente, a través del arrepentimiento y el perdón que la sangre de Cristo nos da.

"Este mundo
necesita familias
unidas..."

Jesús no esperó a que nos arrepintiéramos para luego morir por nosotros, sino que se sacrificó primero para que nosotros pudiéramos venir a arrepentimiento y ser perdonados por su gracia. El mundo hoy puede gozar y vivir bajo esta gracia si vive bajo el amor de Cristo. Pero para ello, alguien tuvo que morir, y ése fue Jesús. Nosotros, a veces no queremos sacrificarnos ni por nuestra propia familia. Nos dejamos dominar por el ego y la soberbia, queremos imponer nuestra voluntad sobre todos los demás. El egoísmo dirige nuestras decisiones y no logramos que en nuestra familia reine el amor.

Pero el verdadero amor nos lleva a negarnos a nosotros mismos y a dar nuestra vida por aquellos que amamos. Este mundo necesita familias unidas, no divididas; familias llenas de vida y no de muerte; familias santas y no llenas de pecado. “Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado. En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros”. Juan 13:35

Alguien tiene que morir. Alguien tiene que ceder. En las pequeñas y en las grandes cosas, alguien tiene que estar dispuesto a sacrificar su ego. Alguien tiene que poner el ejemplo de santidad, alguien tiene que estar dispuesto a tolerar el sufrimiento y a ser el primero en amar. Alguien tiene que decidir dar el primer paso, y no esperar a que los otros lo hagan. Alguien tiene que morir a sí mismo y entregarse por los demás.

tienequemorir anim

Maleni Grider

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