“Jonás, Jonás…”

Escrito por  Viernes, 26 Mayo 2017 00:00

Por Maleni Grider

Yavé ordenó a un gran pez que tragara a Jonás, y Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez.
Jonás 2:1

Porque del mismo modo que Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, así también el Hijo del Hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra. Los hombres de Nínive resucitarán en el día del juicio junto con esta generación y la condenarán, porque ellos cambiaron su conducta ante la predicación de Jonás, y aquí ustedes tienen mucho más que Jonás.
Mateo 12:40 y 41

Uno de los ejemplos de necedad más grandes en la Biblia es, por supuesto, el del Faraón de Egipto, quien se negó muchas veces ante la petición de Moisés de dejar ir al pueblo israelita, y liberarlo de la esclavitud, como Yavé se lo ordenaba. Por su negativa y su afán de dominio, el Faraón provocó la ira de Dios, quien envió numerosas plagas para castigar al opresor. La Biblia dice que, a causa de la necedad de este hombre, Dios le endureció el corazón, a fin de demostrar el poder que Él tenía y extender su gloria a Israel. Ya conocemos el desenlace de este capítulo, cuando el todopoderoso abrió el mar rojo para que los judíos pudieran escapar de manos de sus perseguidores, sobre quienes cayeron posteriormente las aguas.

Otro gran ejemplo de necedad fue el del profeta Jonás, a quien Dios le ordenó ir a Nínive para advertir a sus habitantes de la destrucción que vendría sobre ellos si no se arrepentían de su pecado. Jonás no quiso ir, e intentó huir en una embarcación. Pero Dios lo persiguió y le mandó una tormenta. Cuando la tripulación lo interrogó y él confesó su desobediencia, pidió ser echado al mar para que Dios detuviera la tormenta y el barco se salvara. Así fue. Entonces, Jonás cayó al mar profundo pensando que era su fin. Pero Dios preparó para él un gran pez que se lo tragó. El profeta estuvo en la barriga del pez hasta que se arrepintió y clamó a Yavé. Éste hizo que la ballena lo escupiera en tierra.

"...volvernos
a la cordura..."

A pesar de que finalmente Jonás obedeció a Dios y fue a Nínive a extender el mensaje que Dios le dio, en su corazón había una secreta resistencia. Cuando el pueblo se arrepintió de su pecado, se volvió a Dios, y éste los perdonó, el profeta se enojó amargamente, pues pensó que había sido infructuoso que Yavé lo enviara si al final tuvo misericordia de la gente. Dios le dio una lección cuando preparó para él una calabacera (planta de hojas largas y flores amarillas, que da calabazas), la cual fue atacada por un gusano y se secó, dejando sin sombra a Jonás, quien se enojó aún más y deseó la muerte. Dios le cuestionó cómo podía enojarse tanto por la sequedad de una calabacera que él no hizo crecer, mientras que no tuvo compasión por las veinte mil personas a las que Dios sí había creado, y a quienes libró de la muerte.

Cuando decidimos no obedecer a Dios, nuestro corazón se puede endurecer, y es posible que nos llenemos de una amargura ciega, extrema. En el caso de la desobediencia absoluta, siempre vendrán consecuencias graves, como las del Faraón de Egipto. Pero también, en el caso de la obediencia a regañadientes, Dios tendrá que darnos algunas lecciones para mostrarnos nuestro mal proceder y volvernos a la cordura.

"...obedeció
y lo hizo
sin dudar..."

Por el contrario, un ejemplo de obediencia perfecta, sin resistencia, sin recelo, sin oposición, fue la que Cristo hizo al ir al Calvario. Esa misión sí que fue difícil: morir por los pecadores. Sin embargo, y a pesar de su angustia natural, Él obedeció y lo hizo sin quejarse, sin enojo, sin resentimiento, sin dudar, en sumisión total. Cuando su sacrificio terminó, Dios le dio vida otra vez y lo levantó de los muertos. Luego lo hizo Rey y Sumo Sacerdote para siempre (Hebreos 4:14-16 /Filipenses 2:7-9).

Ante estos claros ejemplos, la pregunta es: ¿vamos a ser necios u obedientes? Y si decidimos obedecer, ¿lo haremos con un corazón resentido, o lo haremos con un corazón sencillo y alegre como el de Jesús? Cuando Jonás se arrepintió y fue a profetizar a la ciudad de Nínive sobre la catástrofe que estaba por venir, su obediencia salvó a miles de personas de la muerte.

"...ha prometido
bendecirlos..."

En ocasiones, creemos que nuestra desobediencia es personal y que no afectará a nadie sino a nosotros mismos, pero no es así. Comúnmente, nuestras malas decisiones afectan a muchas otras personas, especialmente a los más cercanos o a quienes más amamos, o sea, a nuestra familia. ¿No valdrá la pena obedecer en primera instancia, evitarnos las consecuencias o las lecciones dolorosas, evitar ser vomitados por una ballena en playas lejanas, evitar lastimar a nuestros seres queridos, y más bien recibir nuestra recompensa?

Dios ha prometido mucho a aquellos que lo aman y lo obedecen con un corazón puro: ha prometido bendecirlos.

jonas anim

Maleni Grider

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