Hay perdón y redención en la sangre de Jesús

Escrito por  Jueves, 18 Mayo 2017 00:00

Por Maleni Grider

La mayor y más dolorosa consecuencia de la inmoralidad es la vergüenza. A esa ceremonia de dolor, de cortinas cerradas, se le une la culpa. Vergüenza y culpa apagan el espíritu y sepultan a la persona humana. Por el contrario, la santidad trae consigo un sentido de claridad en nuestra mente, alegría, una paz inigualable a nuestro corazón, toda confusión desaparece y nuestra dignidad se fortalece. El pecado habita en la oscuridad, la santidad respira en la luz.

La inmoralidad sexual es uno de los pecados más devastadores y con mayores riesgos. La lujuria tiene terribles ramificaciones. Mirar pornografía, por ejemplo, conduce a otros pecados. La pornografía crea adicción, pero es un barril sin fondo. Quien mira pornografía no estará nunca suficientemente satisfecho. Mirará más y más. De la pornografía se puede desprender la pedofilia, la homosexualidad, la zoofilia o el bestialismo, las violaciones, la disfunción sexual, la masturbación, el abuso sexual dentro del matrimonio, el sadomasoquismo, el tráfico de personas, etcétera.

La pornografía destruye matrimonios y noviazgos, familias enteras. También puede arruinar el ministerio de quienes la practican. Pero hay otros pecados de inmoralidad sexual, como son la fornicación (relaciones sexuales fuera del matrimonio), el adulterio, las orgías, el incesto, etcétera. Y todas estas conductas echan abajo la reputación, minan la moral, provocan rompimientos familiares y causan vergüenza extrema.

"...Dios nos
da poder sobre
el pecado..."

Muchos de estos pecados son compulsivos y desenfrenados, no obedecen a la voz del Espíritu de Dios, pues éste nos da dominio propio, sentido de la pureza, amor y poder sobre el pecado. De modo que quien los practica termina por sepultarse en un círculo vicioso irrompible, tiene que esconderse de la vista de los demás, y en muchas ocasiones tiene que enfrentar la devastadora consecuencia de un contagio de enfermedad venérea, el divorcio, o incluso la muerte.

Por muy condenable que pueda ser la inmoralidad sexual, lo cual desata la ira de Dios según las Escrituras, también podemos tener perdón a través de la sangre preciosa de Jesucristo. Cuando el arrepentimiento viene y la persona está dispuesta a abandonar su pecado, a recibir ayuda o a cambiar por completo sus malas prácticas, Dios otorga perdón, restauración, sanidad. Muchos matrimonios y vidas pueden ser salvadas cuando este proceso ocurre.

"...Él promete
darnos la mano..."

El plan de nuestro enemigo es someternos bajo el yugo del pecado de inmoralidad sexual, luego acusarnos y por último destruirnos, tanto espiritual como emocional y físicamente. Si le creemos, caeremos más y más bajo, y será más difícil salir del círculo de la perdición. Pero si le creemos a Dios, Él nos promete darnos la mano, ayudarnos a superar el pecado y limpiarnos de toda maldad para que podamos recuperar la dignidad.

Robarnos la dignidad, hacernos sentir sucios, basura, indignos del amor de Dios es el propósito de las fuerzas del mal. Pero el plan del Señor del cielo y de la tierra es amarnos incondicionalmente, rescatarnos de los más hondos abismos, traernos a una nueva realidad, componer nuestra vida, llevarnos por los caminos correctos y darnos un futuro hermoso, lleno de bendiciones, no de fracasos. El plan de Dios es la vida, no la muerte.

"...Vida,
no muerte..."

Hay perdón y salvación en la sangre de Jesús. Él es bueno y poderoso para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad. De nosotros depende vivir en las tinieblas o vivir en la luz. Pero cualquiera que sea nuestra decisión, habremos de recoger la cosecha. No importa cuán sucio esté tu corazón, hay perdón en la sangre de Cristo. ¡Él puede hacerte libre!

redencion anim

Maleni Grider

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