Las heridas que realmente hay que tratar

Escrito por  Jueves, 18 Mayo 2017 00:00

Por Valeriee Barrio

¿Cuántas veces nos hemos sentidos enfermos, con algún dolor o molestia? Sentir un dolor en el cuerpo con el que ya no puedes más. Y lo primero que se te viene a la mente es querer olvidar ese sentimiento y volver a sentirte san@, acudes a algún medicamento y si es necesario al doctor, pero definitivamente no es algo que dejas pasar, te preocupas y haces algo por solucionarlo. Es ahí cuando valoramos nuestra salud; sentirte bien para poder continuar con tu vida ordinaria sin que nada la detenga.

Ahora te pregunto ¿cuántas veces te han herido?, no hablo de heridas físicas, me refiero a alguna persona que te haya lastimado, alguien que te haya hecho sentir que no vales lo suficiente, tu novi@ que en algún momento te decepcionó, alguna pelea que hayas presenciado con tus papás, algún amigo que te mintió, un profesor que te gritó, esa infidelidad, esos gritos, el bullying, la soledad, el maltrato, la indiferencia y podría continuar. ¿Qué acaso esas no son heridas también?, no quiere decir que por no sentir dolor físico no lastimen y no tengan que curarse.

"...la incapacidad
de amar..."

Es preocupante el hecho de que nos olvidemos que esas son las heridas que realmente debemos sanar, son las heridas que se plasman en lo más profundo de nuestras almas y que a la larga nos van provocando miedo, inseguridad, rencor, enojo, pena y lo más grave de todo es que podemos llegar a una discapacidad; la incapacidad de amar.

“Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: "Con sólo tocar su manto quedaré curada” … Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad".”  
Mc 5: 21-43

Como vemos, el pasaje anterior nos hace darnos cuenta que somos hombres de poca fe; realmente no creemos que Dios puede sanar todas las heridas que cargamos, nos convertimos en la gente que solamente rodeaba a Jesús en gran multitud y no tenía la confianza ni la fe de pedirle ser curado. En cambio, Dios inmediatamente reconoce a esa mujer que toca su manto sabiendo que Él tiene el poder de sanarla y así lo hace debido a su Fe.

Lo mismo hace Dios en nuestra vida, él está dispuesto a sanarnos y curar todas esas heridas que no nos dejan ser felices, es sólo cosa de que le presentemos con Fe y confianza lo que nos duele y lo que nos lastima, y Él se encargará de todo lo demás.

¿Cómo podemos ser como la mujer que con tan sólo tocar su manto quedó curada aún estando en medio de una multitud?

Nosotros también vivimos dentro de una multitud que distingue que hay un Dios que todo lo puede, pero no tienen los suficientes hechos que lo prueben, en cambio tú puedes ser como esa mujer que con tan sólo acercarse a Él, cambió su vida.

Para eso Dios se hizo hombre y nos dejó la eucaristía, para tener esa posibilidad de tocar ese “manto” que cura y que te devuelve a la vida.

Con tan sólo acercarte a los sacramentos y pedirle a Dios por ese cambio en tu vida empezarás a sentir que empiezas vivir y dejas de sobrevivir. Dios se hace hombre y convierte su cuerpo en pan y su sangre en vino para que podamos acceder a Él sin que nada nos lo impida.

"...un corazón
que supo amar..."

Es muy triste ver como hay tanta gente desesperanzada, sin motivación alguna y sin nada que los mueva y saber que todo en esta vida puede ser solucionado con tan sólo creer. Debemos reflexionar que las situaciones fuertes que nos tocan vivir hacen que nuestro corazón se convierta más como el de Jesús; un corazón que sufrió traiciones, mentiras, insultos, desamor, rechazo, etc. Y aun así ese mismo corazón herido supo perdonar, olvidar, pero sobre todo amar.

Lo mismo puede suceder con nuestro corazón si lo dejamos ser sanado por el mejor de los doctores, cuyo único medicamento recetado es una dosis de amor a través de la eucaristía.

Si el simple contacto con su carne sagrada vuelve la vida a los cuerpos en descomposición ¡cuánto provecho no encontraremos en la eucaristía, fuente de vida, cuando nos alimentamos de ella! Él transformará en sí misma, en su inmortalidad, a los que participan en ella.
San Cirilo de Alejandría

Y por último recuerda cuando pases por una prueba difícil y te preguntes ¿en dónde está Dios? que el maestro siempre está en silencio durante el examen. 

heridas alma

Valeriee Barrio

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