Pelea por tu bendición hasta que amanezca...

Escrito por  Lunes, 15 Mayo 2017 00:00

Por Maleni Grider

Y Jacob se quedó solo. Entonces alguien luchó con él hasta el amanecer. Este, viendo que no lo podía vencer, tocó a Jacob en la ingle, y se dislocó la cadera de Jacob mientras luchaba con él. El otro le dijo: “Déjame ir, pues ya está amaneciendo”. Y él le contestó: “No te dejaré marchar hasta que no me des tu bendición”.
Génesis 32:25-27

Mucho hablamos de que el tiempo de las dificultades y problemas de la vida son situaciones que Dios permite para probar nuestra fe. Por supuesto que es verdad, en principio, pero hay mucho más que agregar y que aprender en el fondo de dichas circunstancias.

Las pruebas son, inicialmente, una oportunidad para contener nuestra desesperación, desarrollar el poder del dominio propio, a través del Espíritu que nos ha sido dado, y acercarnos a Dios reconociendo que necesitamos su ayuda (Sacrificio ofrece a Dios en acción de gracias, cumple tus votos al Altísimo; e invócame en el día de la angustia, te libraré y tú me darás gloria. Salmos 50: 14 y 15), es decir, vencer nuestra soberbia, inclinarnos ante nuestro Creador, buscar su voluntad para someternos a ella, y crecer. Pero, ¿qué es crecer? No es pensar que ya somos lo bastante fuertes como para resolver todas nuestras problemáticas de manera autosuficiente, pues en tal caso ya no necesitaríamos de nuestro Señor.

¿qué es crecer?

Crecer espiritualmente es tener la suficiente fuerza espiritual para no desesperarnos ni descomponernos, ni tener arrebatos que quizá nos conduzcan a peores situaciones, y además, significa aprender a reconocer nuestra debilidad y nuestra dependencia de Dios, a fin de que Él pueda ayudarnos, rescatarnos, bendecirnos, aumentarnos, o cambiarnos de manera supernatural y significativa.

Asimismo, crecer como hijos de Dios significa que seamos capaces siempre de honrarlo por todas sus respuestas, sus proezas o sus bendiciones (Salmos 103:2). Darle gloria a Él por todo aquello de lo que nos libra, por todas las veces que nos saca de las profundidades de la angustia, la pérdida o el dolor.

"...un tesoro..."

De modo que las pruebas son una oportunidad para mostrar nuestra confianza en Dios y desarrollar nuestro carácter cristiano. Pero, no sólo son un momento para fortalecernos, sino que detrás de cada prueba se encuentra escondida una bendición o un tesoro que Dios quiere prodigarnos.

La oración es el vínculo directo que nos comunica y nos conecta con Dios en un instante, por difícil, doloroso o aterrador que sea nuestro sufrimiento. La oración es ese momento de la batalla que se libra a solas con Dios. Mira qué importante: “a solas” con Dios. Nadie más. Ni tu papá, ni tu mamá, ni tu esposa, ni tu esposo, ni tu consejero, ni tu líder espiritual, ni tu escritor favorito, sino sólo tú y Dios. No quiero decir que los demás no puedan apoyarte y orar contigo, pero en realidad es Dios quien nos libra de todas nuestras angustias y nos otorga la victoria o el descanso.

"...oportunidad
para descubrir
las bendiciones
de Dios..."

Cuando vemos en la prueba sólo el inmenso reto que representa, la gran sombra que despliega sobre nuestra vida, o la intensa amenaza que parece ser, su tamaño nos intimida y nos conduce a ofuscarnos desmedidamente. Pero cuando buscamos en la prueba la oportunidad para descubrir las bendiciones que Dios tiene para nosotros, y los tesoros de su Reino que Él quiere mostrarnos, entonces la prueba toma sentido, la paz nos rodea y podemos cruzar las sombras con mayor entereza.

Jacob luchó con un ángel toda la noche, hasta el amanecer, y, aunque salió herido en la ingle de su pierna, recibió su bendición: Dios le dio un nuevo nombre, Israel (Génesis 32:28 y 29). En la Biblia, cuando Dios da un nuevo nombre a alguien, es señal de transformación profunda, por ejemplo: a Saulo le cambió el nombre por Pablo; a Simón le cambió el nombre por Pedro.

Así que podemos concluir: las pruebas tienen el propósito profundo de la transformación espiritual personal. Tal como Jacob, debemos iniciar la batalla, aferrarnos al Señor y no soltarlo (por más fuerte que sea la tormenta), sino hasta que hallamos recibido su bendición, su revelación, su liberación. Cuando ya todo haya pasado, podremos ver el amanecer y decir, como Jacob: “He visto a Dios cara a cara, y aún estoy vivo” (Génesis 32:31).

anim pelea bendicion

Maleni Grider

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