Un corazón quebrantado

Escrito por  Miércoles, 15 Febrero 2017 00:00

Por Maleni Grider

Llámame y te responderé, te mostraré cosas grandes y secretas que tú ignoras.

Jeremías 33:3

El profeta Jeremías fue un hombre excepcional, y un gran siervo de Dios. El libro de la Biblia que lleva su nombre, y que él mismo escribió, es sorprendente. Lleno de enseñanzas sobre la obediencia, la perseverancia y la sumisión, este libro nos revela el carácter y la personalidad de un profeta que no dudó en describirse a sí mismo, así como los hechos que vivió.

Jeremías fue contemporáneo de Ezequiel (650 a.C). Tradicionalmente se le conoce como “el profeta llorón” (no de manera despectiva), pues los mensajes de juicio de Dios sobre su pueblo rebelde, y el pecado incesante del mismo –a pesar de las advertencias del profeta–, quebrantaron su corazón en varias ocasiones a lo largo de su vida.

"...obedeció
la voz de
Dios..."

Jeremías fue llamado a ser profeta desde antes de nacer (Jeremías 1:4-9) y, aunque inicialmente se resistió al llamado, de cualquier manera, obedeció la voz de Dios. Sus constantes profecías sobre el pueblo de Israel y de Judá no fueron escuchadas, y los gobernantes de la época lo atacaron ferozmente, azotándolo, metiéndolo en el cepo en una cisterna, poniéndolo en la cárcel, amenazándolo de muerte, etcétera.

Todos estos hechos y su propio mensaje quebrantaron su corazón. Jeremías no era un hombre de carácter recio, sino de carácter tierno y apacible, pero los mensajes que Dios le ordenaba dar al pueblo sí eran duros. Aunque el profeta tenía un corazón sensible, el Señor lo escogió para esta grande empresa. Jeremías derramó muchísimas lágrimas durante su vida, lloraba y se lamentaba muy a menudo, al grado de querer dimitir. Sin embargo, Dios no se lo permitió. Lo alentó y le dio la fuerza para cumplir su misión.

Por eso decidí no recordar más a Yavé, ni hablar más en su nombre, pero sentía en mí algo así como un fuego ardiente aprisionado en mis huesos, y aunque yo trataba de apagarlo, no podía.
Jeremías 20:9

A Jeremías se le atribuye la autoría del libro de las Lamentaciones, que describe la triste imagen de la cautividad de Israel a manos de los caldeos, y la desolación de Jerusalén. A pesar del dolor de su corazón por su pueblo, y de todas las calamidades que vinieron sobre su vida, el profeta no desfalleció. Continuó llevando los mensajes de Dios hasta que fue asesinado por el pueblo.

En lo personal, hace varios años me aferré a la promesa de Jeremías 33:3 (citada al inicio de este artículo) y Dios me mostró de verdad grandes cosas ocultas que yo no conocía. Ha sido un camino largo durante treinta años, en el que ha habido momentos de mucha confusión y lágrimas. Pero la revelación de Dios, su manifestación tan real en mi vida han mantenido mi corazón ardiendo, sin poder escapar de su presencia.

"...quiero ver
su gloria..."

Este año se vislumbra lleno de nuevos retos, nuevas metas espirituales, mayores hazañas de Dios, quien quiere quebrantar nuestros corazones y hacer que nos deshagamos de las vasijas viejas para presentarnos como vasijas nuevas en las que Él pueda derramar el vino nuevo de la consagración. ¿Será que nos resistimos a ello? ¿Será que no queremos encontrarnos con Dios, con su grandeza? ¿Será que no deseamos abandonar nuestros hábitos, nuestros sueños egoístas, nuestro yo? ¿Será que nos lamentaremos demasiado por todo aquello que Dios nos pide? ¿Nos negaremos a entregarle todo lo que nos ha estado ordenando abandonar?

Yo quiero permanecer afianzada a sus promesas. Quiero conocer más cosas grandes, ocultas y maravillosas, quiero ver su gloria manifestándose sobre la tierra. No dejes de buscar esa misión a la que Dios te ha llamado, no dejes de oír su voz y hablar su mensaje. Jeremías fue un profeta tierno pero no débil. Fue valiente y obedeció a Dios. ¡Me gustaría tanto ser como él!

anim quebrantado

Maleni Grider

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