La senda de la fe

Escrito por  Miércoles, 08 Febrero 2017 00:00

Por Maleni Grider

Cuando empezamos a caminar con el Señor e iniciamos el proceso de la vida en Cristo, enfrentamos diferentes y abundantes retos. Uno de los más grandes es vencer nuestra propia carne, nuestros viejos hábitos y deseos. Abandonar ideologías erróneas, cancelar proyectos que no van de acuerdo a la voluntad de Dios, o renunciar a situaciones, relaciones o posesiones se convierte en algo complicado.

Comúnmente intentamos vivir la vida cristiana en nuestras propias fuerzas y, debido a ello, muchas veces fallamos. Es sólo a través del Espíritu de Dios como podemos caminar la senda de la fe. “Porque Dios no nos dio un espíritu de timidez, sino un espíritu de fortaleza, de amor y de buen juicio”. 2 Timoteo 1:7 Otra traducción dice “dominio propio”, en lugar de “buen juicio”. La fuerza y la voluntad que todo lo vence proviene de lo alto, no de nuestra naturaleza terrenal. Dios nos hizo a su imagen y semejanza, pero no iguales a Él. Tenemos en nosotros la capacidad de ser santos, sin embargo, hay un precio que pagar, y ese precio es la renuncia a todo aquello que no agrada a nuestro Señor.

"...la sabiduría
proviene de
Dios..."

Ahora bien, existe una gran diferencia entre nuestros propios pensamientos y los pensamientos del Creador, entre nuestra visión y Su visión. Llenos de buenos atributos, dones y talentos como nos creó, aún somos seres limitados, con una naturaleza que tiende al mal debido a la caída original en el jardín del Edén. Nuestra inteligencia es humana, la sabiduría proviene de Dios.

Por ello, no es lo mismo levantarnos en la mañana y pensar: “Hoy voy a ser un buen cristiano, seré una buena persona, haré caridad y venceré mi pecado”, que doblar nuestras rodillas al despertar y orar: “Espíritu Santo, ¿cuál es tu plan para mí hoy? ¿Qué quieres que haga? ¿Cuál es tu mensaje para mi vida? ¿Cuál es el rumbo que debo tomar? ¿Hacia dónde debo guiar a mi familia? ¿Qué tienes para mi futuro? Lléname de ti hoy, dame la fortaleza y el amor que necesito para amar a otros”.

"...Dios nos
revelará su
plan..."

La primera opción está limitada a nuestro sincero deseo y a nuestras inteniciones, pero no siempre resultará en éxito. Probablemente al final del día nos sintamos decepcionados de nuestro propio comportamiento, o por no haber concluido las metas que nos impusimos. La segunda opción es segura, Dios nos revelará, a través del Espíritu Santo, su plan para nosotros. Si ponemos atención a su voz, si escudriñamos su Palabra y nos sometemos en cuerpo y alma a lo que Él nos pida, su Espíritu hará morada en nosotros. Él nos dará la fortaleza, la sabiduría, los medios y la convicción que necesitamos para vivir cada día en su presencia, conforme a su propósito.

Pues sus proyectos no son los míos, y mis caminos no son los mismos de ustedes, dice el Señor. Así como el cielo está muy alto por encima de la tierra, así también mis caminos se elevan por encima de sus caminos y mis proyectos son muy superiores a los de ustedes. Como baja la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y haberla hecho germinar, para que dé la simiente para sembrar y el pan para comer, así será la palabra que salga de mi boca. No volverá a mí con las manos vacías sino después de haber hecho lo que yo quería, y haber llevado a cabo lo que le encargué.

 Isaías 55:8-11

El poder para vivir la vida cristiana y vencer a sus opositores (el mundo, nuestra carne y el diablo) sólo viene de arriba, del Dios que levantó a Cristo de entre los muertos. Jesús recibió este poder de su Padre y realizó incontables prodigios en la tierra, luego otorgó ese mismo poder a los apóstoles, quienes también hicieron milagros y transformaron la historia de la humanidad, con una total dependencia en el poder y la gracia de Dios.

Ahora, nos toca a nosotros buscar ese mismo poder espiritual que vence al mundo, para poder caminar la senda que nos ha sido trazada y guiar nuestra vida y a nuestra familia hacia la misión que Dios ha predestinado para nosotros.

“Les ruego, pues, hermanos, por la gran ternura de Dios, que le ofrezcan su propia persona como un sacrificio vivo y santo capaz de agradarle; este culto conviene a criaturas que tienen juicio. No sigan la corriente del mundo en que vivimos, sino más bien transfórmense a partir de una renovación interior. Así sabrán distinguir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto”.

Romanos 12:1 y 2

anim senda

Maleni Grider

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