Estos son los hijos de Dios

Escrito por  Martes, 17 Enero 2017 00:00

Por Maleni Grider

Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco. Ellas me siguen, y yo les doy vida eterna. Nunca perecerán y nadie las arrebatará jamás de mi mano.

Juan 10:27 y 28

Mañana, tarde y noche, los hijos de Dios buscan su luz, su guía, su consejo, su presencia y su bendición. Si el mundo los ataca, ellos vuelven su mirada al Padre y le piden protección. Si son perseguidos, resisten con honor por el nombre de su Señor. Si pecan, suplican misericordia y perdón. Jesús, el Hijo de Dios los escucha, son sus ovejas. Él conoce su voz, su corazón y su historia.

Los hijos de Dios lo han encontrado en el camino, han escuchado su voz, han sentido su presencia. Algún día hicieron una decisión: dejar de confiar en sí mismos y empezar a confiar en Él; detener sus pasos y seguir a Cristo. El peso de la cruz se sintió desde los primeros días, la carne se rebeló desde el primer instante.

"...el amor de
Dios es tan
inmenso..."

Pero el amor es tan grande… el amor de Dios es tan inmenso, tan bello, tan profundo, que no hay esfuerzo que no valga. Los hijos de Dios renuncian a mucho, a veces a todo, sueñan con complacer a Dios, con recibir su aprobación. Cuando buscan la aprobación de alguien, no es la de un hombre sino la de su propio Creador, Aquel que los hizo, los buscó y dio la vida de su hijo por ellos.

Sin dudar, los hijos de Dios basan su vida y edifican sus familias en la moral absoluta que Él estableció, no en filosofías humanas, cambiantes, ni en valores tibios, relativos, vigentes sólo para una época. Los principios del Eterno son, por consecuencia, eternos, inamovibles. Generaciones pueden basar su existencia en la solidez de la integridad de Dios. El modelo es perfecto, a prueba de todo.

"...descubren sus
maravillas, reciben
sus milagros..."

Lo único que puede poner en duda la validez de estos preceptos de la Ley de Dios es la incredulidad humana, la rebeldía, la arrogancia. Los hombres y mujeres de corazón limpio, quienes mantienen sus ojos, su boca y sus oídos abiertos a la comunicación con el Señor, comprenden las razones de sus mandamientos, descubren sus maravillas, reciben sus milagros, acceden a sus misterios.

“En ese momento Jesús se llenó del gozo del Espíritu Santo y dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has dado a conocer a los pequeñitos. Sí, Padre, pues tal ha sido tu voluntad. Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos; nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre; nadie sabe quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera dárselo a conocer’. Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: ‘¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! Porque yo les digo, que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron’.” Lucas 10:21-24

"...han creído
que la Luz vino
al mundo..."

Los hijos de Dios comen su pan con gratitud, beben su vino recordando a Jesucristo, el Resucitado. No temen a la muerte porque saben que su Maestro ha preparado una habitación para ellos en la casa de su Padre. Creen en las promesas irrevocables de Dios, esperan vivir eternamente, dedican su tiempo a las cosas del Reino, aman a sus familias, bendicen a su prójimo, no dejan de andar, no se rinden nunca, reciben nuevas fuerzas y son sustentados por el poder de su Dios, cuya provisión no se agota.

Los hijos de Dios permanecen como pámpanos en la vid, han creído que la Luz vino al mundo, por lo que fueron iluminados. Son luz, sal de la tierra, mensajeros de la Verdad. Llevan en sus cuerpos las marcas del Señor Jesús. Hablan su lenguaje, cargan su cruz. Ellos llevan la paz a los confines del mundo y descansan sus almas en Aquel que los salvó.

anim hijos de dios

Maleni Grider

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