Cristo, salvador y juez del mundo

Escrito por  Martes, 13 Diciembre 2016 00:00

Por Maleni Grider

¡Así amó Dios al mundo! Le dio a su Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.  

Juan 3:16

Verde, rojo, dorado, plateado y blanco son los colores que empiezan a predominar en las casas, las calles y las tiendas departamentales en esta época navideña. Preparamos cena y regalos para celebrar la noche en que recordaremos la venida del Salvador al mundo.

En Belén, los tres sabios astrólogos visitaron el pesebre en donde se encontraba el bebé que habría de convertirse en hombre para salvar al mundo; llevaron regalos para el rey. Los humildes pastorcillos también fueron a ver al Mesías, pues la estrella de Belén les anunció su nacimiento. El rey del cielo nació en el lugar más humilde.

Esa noche mágica se cumplió el pacto de Dios con los hombres: su único Hijo, Jesús, daría su vida en pago por nuestros pecados, para que pudiéramos alcanzar la salvación y la vida eterna. El cielo, la tierra, los astros, el tiempo y el espacio se conjugaron para que el milagro de dicho nacimiento se llevara a cabo. Muchas profecías se cumplieron esa noche.

"El tiempo
es hoy..."

Cristo vino al mundo, no para juzgarlo sino para salvarlo. “Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a Él.” Juan 3:17 . “Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no permanezca en tinieblas. Si alguno escucha mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo, porque yo no he venido para condenar al mundo, sino para salvarlo. El que me rechaza y no recibe mi palabra ya tiene quien lo juzgue: la misma palabra que yo he hablado lo condenará el último día.” Juan 12:46-48

“El último día”, cuando Él venga por segunda vez, vendrá como juez, para juzgar a vivos y muertos, y a todas las naciones, después de eso ya no habrá tiempo para predicar, volverse a Dios o salvar nuestras almas. El tiempo es hoy. Hace dos mil años, Jesucristo llegó al mundo como Salvador; en su segunda venida, llegará como Juez.

"...volverá
como rey..."

Hace dos mil años, Cristo padeció el juicio más injusto que pudo haber tenido, de acuerdo a la ley romana, judía, y otras. Fue insultado, humillado, tasajeado y crucificado. Cuando vuelva a la tierra, lo hará como el juez de todas las naciones, volverá con todo el poder que el Padre le ha dado, como rey, como Aquel que está vestido de lino fino y resplandeciente. Se cumplirán entonces las profecías del libro de Apocalipsis, revelado al apóstol San Juan:

Vi el cielo abierto y apareció un caballo blanco. El que lo monta se llama «Fiel» y «Veraz». Es el que juzga y lucha con justicia. Sus ojos son llamas de fuego, tiene en la cabeza muchas coronas, y lleva escrito un nombre que sólo Él entiende. Viste un manto empapado de sangre y su nombre es: La Palabra de Dios. Lo siguen los ejércitos del cielo en caballos blancos, vestidos con ropas de lino de radiante blancura. De su boca sale una espada afilada, para herir con ella a las naciones; Él las gobernará con vara de hierro; Él mismo pisará el lagar del vino de la ardiente cólera de Dios, el Todopoderoso. En el manto y en el muslo lleva escrito este título: «Rey de reyes y Señor de señores.» Apocalipsis 19:11-16

"Analicemos
nuestro corazón..."

En estos días previos a la Navidad, reflexionemos acerca de la segunda venida de Jesucristo, pues es inminente. Ningún gobierno o nación, ningún ser humano podrá evitar que estos acontecimientos ocurran, tal como las Sagradas Escrituras lo anuncian. Analicemos nuestro corazón, nuestras relaciones familiares y con todo ser humano. Busquemos aquello que no agrada a Dios y vengamos con arrepentimiento a Él, pues el Señor viene pronto a pedirnos cuentas. Reconciliémonos con aquellos a quienes hemos ofendido.

En esta Navidad, estemos preparados para recibir a Jesús con una conciencia limpia y un corazón dispuesto a amarlo más. Que nuestra vida sea un reflejo del amor que Él ha derramado en nuestros corazones, y de la misericordia que hemos recibido. Estemos listos para ver la señal del Hijo del Hombre en el cielo –si es que nos toca verlo–, y para rendirnos a sus pies cuando Él venga de nuevo.

Digamos junto con el apóstol San Juan: “¡Sí, ven pronto, Señor Jesús!”

anim salvador

Maleni Grider

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