Heridas en el alma

Escrito por  Lunes, 14 Noviembre 2016 00:00

Por Maleni Grider

Las heridas familiares son las más dolorosas y difíciles de sanar. Si has nacido en una familia armoniosa, donde los padres se han preocupado por sus hijos, los hermanos tienen lazos de amor y respeto, y todo ha caminado en los cauces normales de una familia, eres afortunado. Dale gracias a Dios por ello.

Pero si eres de los que han tenido una historia familiar difícil, donde el abuso, la violencia, la traición, el desamor, la miseria o la inmoralidad dejaron heridas en tu alma, tú sabes de lo que hablo. Perdonar, superar y sanar ese dolor es algo muy complicado; pueden pasar años para que una persona pueda reconocer, enfrentar y procesar sus heridas.

"Perdonar, 
superar y sanar 
ese dolor..."

Asimismo, la traición de un amigo, un amante o un cónyuge es una de las más desoladoras experiencias. Las humillaciones que hayamos sufrido en la niñez o la adolescencia nos pueden dejar marcas profundas en la memoria y en las emociones.

Es común que estos dolores terminen por provocar amargura en la persona que los sufre. En su libro Truly Free (Verdaderamente libre), Robert Morris describe el origen de la frase “corazón roto”. Proviene del griego Suntribó, “romper en pedazos o aplastar”, y Kardia, “corazón”. Literalmente: “romper el corazón en pedazos”.

"...el corazón 
sangra y todo 
su ser 
se duele..."

Los síntomas de una persona con el corazón roto pueden mostrarse como algo completamente distinto al sufrimiento. Sin embargo, dentro de dicha persona el corazón sangra y todo su ser se duele. He aquí siete manifestaciones de un corazón herido:

Enojo. Los repentinos arrebatos de ira pueden ser producto de un desorden mental o una opresión demoniaca. Pero también pueden atribuirse a una herida profunda que se originó en el pasado.

Inseguridad. Una persona que demanda demasiada atención, se preocupa exageradamente por su apariencia, o requiere de mucha retroalimentación emocional, puede haber sido profundamente herida en su temprana edad.

Orgullo. Alguien que habla demasiado de sus logros, o que cree ser mejor que los demás y trata de dominar todas las conversaciones e imponer sus opiniones, o bien, que piensa siempre tener la razón, puede haber sufrido algo terrible en sus primeros años, por lo que se prometió nunca volver a dejarse dañar otra vez, creando una protección al pretender saberlo todo, hacerlo todo, y serlo todo.

"...esta actitud 
provoca una 
esclavitud..."

Independencia. Una persona que dice no necesitar a nadie, que no tiene amigos cercanos ni escucha consejos de nadie, posiblemente sufrió rechazo o abandono en el pasado, por lo que decide hacer sólo lo que quiere sin escuchar a otros ni tomar en cuenta a los demás. Más que libertad, esta actitud provoca una esclavitud y un encierro en la persona misma.

Hipersensibilidad. Una persona que se ofende por todo y toma los comentarios de manera muy personal, además de que no soporta ninguna broma, es alguien que ha permitido a sus heridas convertirse en un poder dominante sobre su vida.

Timidez excesiva. Las personas que se aíslan por timidez o por temor a los demás, pueden esconder heridas importantes como la burla o el abuso en el pasado.

Necesidad de control. Quienes muestran intención de arreglar a los demás, ponerlos en su lugar o controlar sus acciones y reacciones, regularmente esconden un gran temor y un sentimiento de rechazo intenso.

"...heridas del 
pasado que 
Jesús puede 
sanar..."

Todas estas son heridas del pasado que Jesús puede sanar completamente para que seamos verdaderamente libres. Si reconocemos algunos de estos síntomas en nosotros mismos, vayamos al espacio secreto con nuestro Padre Celestial y pidámosle nos muestre nuestras heridas y nos ayude a sanarlas de una vez y para siempre. El resentimiento y la falta de perdón son a menudo las causas de este dolor constante.

Recordemos nuevamente la historia de José, el joven de la túnica que sufrió la traición y el dolor más grandes, infligidos por sus propios hermanos de sangre (Génesis, capítulos 37-50). Sólo el perdón lo liberó para siempre, y Dios lo recompensó de manera abundante.

 

anim perdon

Maleni Grider

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