Tu deuda está saldada

Escrito por  Viernes, 04 Noviembre 2016 00:00

Por Maleni Grider

En el verano de 2011 tuve que recurrir a diversos créditos bancarios debido a un cambio necesario y urgente de auto, una titulación pendiente, y un cambio de domicilio que no podía esperar por cuestiones de logística entre mi trabajo y el colegio de mi hija. Estaba viviendo en la ciudad de México, una de las más caras del mundo, como ya sabemos. Aparte de eso, mi tasa de interés en ese tiempo era altísima porque había regresado del extranjero a construir mi crédito de nuevo.

Recuerdo que gran parte de mi sueldo se iba en la renta de mi apartamento, la colegiatura de mi hija y los pagos de los préstamos crediticios. La deuda era grande y siempre tenía la sensación de que quizá algún día no iba a poder realizar el pago mensual, mi deuda crecería de manera que no podría pagar, y esto ocasionaría un problema financiero de dimensiones catastróficas en mi vida.

"...recuerdo la
ansiedad y el
sentimiento
de opresión..."

Gracias a Dios, conservé mi empleo, fui diligente en realizar los pagos, y mantuve el orden con esta deuda, la cual fue adquirida por una necesidad real. Sin embargo, recuerdo la ansiedad y el sentimiento de opresión que tuve por casi tres años mientras me encontraba frente a esta gran montaña.

¿Alguna vez has enfrentado alguna deuda que parece impagable, algo que se lleva todos tus esfuerzos, todo tu dinero, y parece no acabar nunca? Si no, eres afortunado, pero si lo has vivido, sabes de lo que te hablo, esa sensación de estar atrapado sin salida, con una opresión que te esclaviza.

"...no tiene que
angustiarse más
por ninguno
de sus pagos..."

Imagínate que hoy alguien te llama por teléfono a la oficina y te dice: “Señor(a) tal, usted ya no tiene que preocuparse por su siguiente pago mensual para la enorme deuda que aún tenía; no tiene que angustiarse más por ninguno de sus pagos consecuentes porque su deuda ha sido pagada. Una persona vino a nuestras oficinas bancarias, firmó un cheque por la cantidad que usted debía, y pagó su deuda. Así que relájese y ¡felicidades!”.

¿Cómo te sentirías? ¿Puedes imaginártelo? La respuesta es más que obvia. No hay nada que explicar. Te sentirías libre, respirarías mejor, correrías a casa a contárselo a tu esposa, a tus padres, a un amigo, a quien sea, y estarías eternamente agradecido con la persona que pagó con su dinero aquello que tú debías.

Otro ejemplo es el de un preso que ha estado en la cárcel por diez o doce años. De pronto, un día, viene el carcelero y le dice: “Señor Pérez, usted puede irse el día de hoy; un hombre vino ante el juez y le dijo que quiere tomar su deuda con la sociedad para que usted pueda salir libre y volver a su hogar con su familia”. Difícilmente podrías creerlo, ¿verdad? Querrías conocer a ese hombre que ofreció quedarse en tu lugar, le preguntarías si es cierto. Él te diría que sí, sonriendo. Le darías un fuerte abrazo, con lágrimas en los ojos y tu cuerpo temblando de emoción. Caminarías fuera de la cárcel inmediatamente, retomarías tu libertad sin dudarlo y volarías de vuelta a tu hogar.

"Él tomó
nuestro lugar..."

Eso es exactamente lo que Jesucristo hizo por ti, por mí, por todos. Tomó nuestra deuda impagable, tomó nuestro lugar en la cárcel del pecado y la perdición, llevó nuestro sufrimiento en la cruz, murió en nuestro lugar para que nosotros pudiéramos ser libres, para que pudiéramos tener una vida nueva, para que saliéramos de las tinieblas a la luz y fuéramos transformados. Él tomó nuestro lugar.

El pagó por ti, ¿qué harás al respecto? ¿Vendrás a Él? ¿Creerás en su sacrificio en la cruz? ¿O sólo ignorarás el gran milagro que Dios hizo para ti? Ven a Jesús, agradécele lo que hizo por ti, confiésale tu pecado, ábrele tu corazón, invítalo a vivir en tu casa, ofrécele tu vida, dale toda la honra y la gloria por lo que ha hecho por ti. ¡Ya eres libre!

anim deuda

Maleni Grider

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