El valor de tu "niño interior"

Escrito por  Jueves, 28 Julio 2016 00:00

Por Emilia Naranjo

El otro día me encontré con una obra que me llamó mucho la atención, se trata de la escultura llamada “Amor” creada por Alexander Milov, artista ucraniano. (Burning Man Festival 2015).

Se trata de dos personas que se dan la espalda, hombre y mujer; se pueden ver en el interior unos niños que se quieren encontrar y que se acercan para tocar sus manos.

¡Qué genialidad la de este hombre para representar la realidad de los seres humanos!

Tan necesitados de recibir y de dar amor y también tan llenos de ego, prejuicios y resentimientos que nos alejan de nosotros mismos y de los que más queremos.

Sin duda esta imagen puede servir para hacer muchas analogías, reflexiones, teorías, etc.

Te comparto algunas:

Primero pensé sobre el niño interior, no tenía mucha idea yo de lo que se trataba este concepto hasta que en una terapia hice un trabajo con mi niña interna y empecé a recordar sucesos que me marcaron de manera importante. La psicóloga me pidió que hiciera una lista de los sucesos de mi niñez que recordara con mayor intensidad y que hayan causado dolor o algún trauma, me di a la tarea de ir a mi memoria y buscar en el pasado esas huellas que aún quedaban; fue más fácil de lo que creía, en cuestión de minutos venían a mi mente y a mis emociones esos sucesos difíciles. Sentí como que “me conecté” con mi “yo del pasado” sé que suena raro pero es parte de este trabajo con el niño o niña interior.

Una vez que empecé a contar y a revivir esas escenas, venían las lágrimas; la terapeuta me invitaba a que hablara de eso y que dijera el sentimiento que me provocaban: miedo, tristeza, impotencia, enojo, etc. Después de definir el sentimiento y llorarlo, me dijo que me imaginara a mí misma ya como soy ahora, que mi “yo adulto” abrazaba a mi “yo pequeña” y siguieron algunas lágrimas más pero estas fueron de consuelo y de ternura, ya que me permití sentir compasión por mí misma, que no es lo mismo que lástima, porque es verdad que con quien somos más duros mucha veces es con nosotros mismos. Después de este ejercicio surgió una enorme tranquilidad que venía de mi interior y eso me dejó muy satisfecha con el ejercicio.

Meses después aprendí más cosas sobre la “sanación del niño interior”:

Un especialista aseguró que más del 90% de los adultos son niños heridos, después corrigió y dijo que se atreve a afirmar que el 99% de los adultos son niños heridos. Señaló que no es muy difícil llegar a esta conclusión y que la mayoría de las personas que acuden a terapia están sufriendo por un “eco” del pasado, alguna marca emocional de la niñez que hace que ciertas emociones nos peguen más que otras.

Nuevamente voy a dar un ejemplo, no es que quiera ventilar mi vida es que me ayudan mucho los ejemplos y si el mío puede servir pues lo comparto.

En una ocasión hace como 2 años, me encontraba dando clases, estábamos en temporada de exámenes, hice un examen en el que algunos de los alumnos  - que no les gusta el esfuerzo - se quejaron de que era muy difícil porque que eran muchas preguntas abiertas, pero yo tenía la total certeza de que habíamos visto en clase todo lo que estaba en el examen. Las quejas llegaron a la coordinadora quien acudió al salón y me regañó en frente de todos mis alumnos, fue una humillación para mí ya que mi autoridad de maestra quedó por los suelos pero lo que más quedó por los suelos fue mi orgullo.

Ahora que lo cuento no me parece algo tan grave, pero ese momento fue todo un drama para mí, lloré como un día completo y me fui a desahogar con la subdirectora, recuerdo que le dije que me había sentido humillada y que mi trabajo era muy poco valorado ya que la coordinadora nunca estuvo en ninguna de mis clases, no podía afirmar que yo no había cubierto toda la materia del examen. Después de eso recuerdo lo que más me dolió fue cuando me dijo que no me iba a dar más horas de clase para el siguiente cuatrimestre… para mí fue como un “adiós”. En fin, me tiré al drama.

Después me puse a pensar por qué me había pegado tanto, en realidad si era para enojarse y armar un teatro pero emocionalmente fue un gran bache, concluí que una de mis “heridas de niña” era precisamente el que dudaran de mis capacidades y un issue con la autoridad, por eso me afectó tanto el que me hubiera regañado la señora esta.

A lo que voy es que esa “hiper-reacción” era un “eco”. Ahora entiendes por qué cuando te enfrentas a “un tema en particular” reaccionas más que los demás, es decir, te enojas más, te sientes más, te pones más triste, que otra persona por el mismo suceso. Es común que comentemos cosas como “¿Apoco por eso se enojó tanto?”, “¿Y por eso llora?” o como me pasó a mí “¿Por qué este suceso me afecta tanto emocionalmente?”. La respuesta generlamente está en tu niñez.

Con esto no quiero transmitir la idea de que todos estamos traumados y en el hoyo, lo que quiero decir es que en nuestro interior hay huellas emocionales que muchas veces no entendemos y que este concepto del niño interior nos puede ayudar a aclarar muchas cosas y a superar muchas huellas y heridas, de esta manera ser más libre para amar, amarnos a nosotros primero y después poder amar a los demás.

Precisamente como comentaba al principio, lo que nos aleja de nuestra esencia que es inocente, libre y alegre como los niños, son precisamente estas heridas que se presentan en el camino como obstáculos para amar y ser amados.

Espero haya quedado clara la idea del niño interior; ya que aclaramos el concepto te preguntarás ¿Y ahora qué hago?

Regresando a la imagen que describí al principio me gustaría enlistar algunas de las situaciones que nos mantienen cabizbajos, tristes y además de espalda con aquellos que amamos:

-Resentimientos

-Exagerar la realidad y tomarnos las cosas de manera personal

-Lastimar a los demás con palabras hirientes

-Querer controlar a los demás, enojarnos porque no hagan las cosas como nosotros quisiéramos, ya sean los hijos, la pareja, hay quien quiere incluso controlar a sus amigos

- Darle muchas vueltas en la cabeza a las situaciones que nos hicieron sentirnos tristes o enojados

-Culpar a los demás por nuestro estado de ánimo “!Ya hiciste que me enojara¡”

-No tener metas ni objetivos claros, por eso luego nos invlucranmos de más en la vida de los demás

-No tener sentido del humor, la risa es la mejor medicina contra el orgullo y la amargura

Todos en algún momento hemos estado en esta lista, ya que todos tenemos heridas que nos hacen reaccionar.Parte de la solución es darnos cuenta y aceptar que estoy de controlador, que soy enojón, que soy negativa, que ando depre… y una vez que lo aceptamos, ahora sí, tomar acción y hacer cosas que nos acerquen, con nosotros mismos y con los demás.

-Perdona a todas aquellas personas que tuvieron que ver con alguna de tus heridas internas en tu niñez y en tu vida actual de manera directa o indirecta (una persona no deja de ser víctima hasta que perdona). Es común que haya resentimientos con nuestros padres ya que fueron ellos los que estuvieron presentes en nuestra niñez, muchas veces sin saberlo o sin tener mala intención influyeron en nuestras vivencias difíciles.

Así que con toda la intención de sanar nuestro interior y nuestra relación con ellos podemos elegir perdonar, ya sé que esto del perdón no es sólo cuestión de elegir, aunque es el primer paso, el perdón es un proceso, ya más adelante podré platicarte sobre técnicas muy útiles al respecto.

- Elimina poco a poco toda forma explícita de orgullo: dejarle de hablar a las personas que quieres, hacer algo para “dar celos” al otro, criticar a alguien que espera tu lealtad. En lugar de eso rompe el hielo, busca a esa persona que quieres, habla con ella y pídele perdón, decir ¿Me perdonas? Seguramente es una de las frases más difíciles de decir ya que hay que pasar por encima de nuestro ego.

-Piensa cosas buenas de la persona que “traes atravesada” Si es una persona importante para ti y la quieres mucho, las cosas se arreglarán con buena comunicación, deja de darle vueltas a las “cosas malas”. Toma el teléfono, mándale un whatsapp y dile que cuándo se van a tomar un café.

-Ve a tu niño interior y ve el de los demás, así tendrás una actitud distinta ante tus propios errores y ante los de los ajenos

Con una mirada más sencilla podrás volverte como niño y poder tener un verdadero encuentro con las personas que amas.

Emilia Naranjo

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