Lodo en los ojos

Escrito por  Lunes, 27 Marzo 2017 00:00

Por H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

"Y al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús contestó: «Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo». Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». […] Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él. Dijo Jesús: «Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos». Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?». Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece."
(Jn (9,1-41 / IV domingo de cuaresma A: para el evangelio completo, ir al final del artículo)

Si los apóstoles fueran jóvenes de siglo XXI, caminando con Jesús por las calles de cualquiera de nuestras ciudades, su comentario quizá habría sido un poco diverso al encontrarse con un ciego pidiendo dinero en la calle: "¡Hey, Jesús! ¿Esto es karma? ¡Quién sabe qué habrá hecho para que le tocara quedarse ciego!". No sé qué se les ha pegado hoy día, que a cada rato escucho el karma por aquí, karma por allá… Y lo peor es que quienes lo usan ni siquiera saben bien qué significa.

Pero no estamos aquí para discutir sobre el karma: basta con que quede claro que esto no es karma…, mucho menos karma "cristiano", que sería una aberración total. De hecho, el karma ni siquiera existe, al menos no de la manera que la mayoría de personas lo piensa. Todas estas teorías que buscan explicar el origen de los problemas y de las dificultades que encontramos en nuestras vidas, se centran en el pasado: Yo –o alguien más– hice algo malo y por eso a mí me pasa algo malo. Pero nosotros sabemos que Dios no vive el tiempo igual que nosotros; de hecho, Él está fuera del tiempo. Por eso Dios no se fija tanto en el pasado, cuanto en el futuro.

Todos somos ese ciego… y somos así desde que nacimos. Nos encontramos con una dificultad, nos llega un momento difícil en la vida, y no vemos por dónde salir. Nos preocupamos, nos estresamos, nos peleamos con todo mundo empezando por Dios. Pero me encanta ver cuando se soluciona todo, porque casi siempre nos damos cuenta que precisamente gracias a ese momento difícil terminamos recibiendo mayores bendiciones.

Así actúa Dios. Muchos creen que Él nos castiga por lo malo que hemos hecho. Pero eso sería como echarle toda la culpa al inocente. La verdad es que a veces sí es nuestra culpa que nos lleguen ciertas dificultades. Pero independientemente de quién tiene la culpa, Dios lo permite. ¿Por qué, si podría eliminarlas? Bueno… porque somos medio mensos, obstinados y ciegos. Cuando todo va bien, somos los reyes del universo y señores de nuestras vidas; cuando las cosas se ponen negras, entonces salimos corriendo a sus pies: lástima que casi siempre sea para quejarnos. Pero hasta por eso Él se pone contento: nos acercamos un poquito más a Él. Y es que sólo cuando nosotros nos acercamos libremente podemos disfrutar de su gran amor.

Es todo lo que Él quiere: curarnos, devolvernos la vista para que veamos cuánto nos ama. Pero no puede hacer nada si no nos reconocemos necesitados de su gracia, si no nos acercamos a Él para que nos cure. Esa es la diferencia entre el ciego y los fariseos. Quizá esta Cuaresma sea el momento perfecto para plantearnos la pregunta: ¿voy a reconocerme necesitado de Dios para que Él me pueda curar o voy a seguir intentando engañarme como aquellos fariseos del tiempo de Jesús?

"Y al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús contestó: «Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo». Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». Él respondía: «Soy yo». Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?». Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver». Le preguntaron: «¿Dónde está él?». Contestó: «No lo sé». Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta». Pero los judíos no se creyeron que aquel había sido ciego y que había comenzado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es este vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». Sus padres contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse». Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él». Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo». Le preguntan de nuevo: «¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?». Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?». Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ese lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene». Replicó él: «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es piadoso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder». Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él. Dijo Jesús: «Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos». Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?». Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece." (Jn (9,1-41 / IV domingo de cuaresma A)

anim lodo

H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

"Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!" (Sal 15,6) Nací en El Salvador. Sólo Dios sabe cómo llegué a la Legión: lo que importa es que ya estoy donde quiero estar. Ahora trabajo en la promoción vocacional en Centroamérica, mientras me acerco cada vez más al sacerdocio.

Email Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Av. Universidad Anáhuac #13 Col. Lomas Anáhuac

                    Huixquilucan, Estado de México C.P. 52786 México

+52 (55) 2224 2070

www.somosrc.mx

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Somos RC App iOS Android

icon regnumchristi bottomup

icon redcol bottomup icon ecyd bottomup icon jfm bottomup icon manoamiga bottomup icon elarca bottomup icon whynotpriest bottomup icon semperaltius bottomup icon redanahuac bottomup icon catholicnet bottomup icon zenit bottomup icon zenit bottomup

Galerías fotográficas

 Flickr OCRI

Flickr Regnum Christi

Flickr Legionarios de Cristo

Flickr Consagradas RC

Brand Center RC

 

¡Síguenos en Redes Sociales!