La tentación

Escrito por  Lunes, 06 Marzo 2017 00:00

Por H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

"Entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”». Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían."
(Mt 4, 1-11 / I domingo de cuaresma A)

¿De qué le hubiera servido a un Michael Jordan ser el mejor jugador de basket, si no hubiera tenido partidos que jugar y rivales que derrotar? ¿De qué serviría un Leonel Messi o un Cristiano Ronaldo, si sólo los llevo de reserva? ¿Quién sería Michael Phelps sin una piscina olímpica y récords que batir? Y no sólo hablamos de deportes: ¿qué podríamos decir de un Alejandro Magno sin una Grecia por conquistar; de un Cicerón sin Catilina ni Verres ni opositores de Roma; de un Napoleón sin imperio; de un Steve Jobs sin Apple…?

Todos los "grandes" de la historia llegaron a ser tales porque superaron las pruebas que encontraron en el camino. Cada uno de ellos tenía un ideal fijo en la mente, y nada… ¡nada!… era capaz de detenerlos hasta lograrlo. Pero no sólo no se detuvieron en las dificultades del camino: ¡sin esas dificultades nunca hubieran llegado a ser los personajes que conocemos, personas que escribieron la historia con su sangre y sudor.

"...Él nos
ha dado
su fuerza..."

Por eso, no podemos entristecernos al luchar contra las tentaciones que nos acechan. Sólo a través de esas tentaciones podremos ganarnos la corona de la gloria eterna. El oro tiene que pasar por el fuego para ser purificado; el hombre tiene que salir victorioso de la tentación para llegar a ser santo.

Pero somos débiles… ¿cómo podremos vencer? Nunca lo lograremos solos: eso siempre estuvo claro. Pero podemos estar tranquilos porque el Señor nos ha dado las armas necesarias para salir vencedores de este combate. Él nos ha dado su fuerza, la fuerza de su Espíritu. Nos acompaña con su Presencia en la Eucaristía. Nos ha dado a María, su madre, para que sea madre nuestra también. ¿Qué más podemos pedir?

"...Jesús también
fue tentado
como nosotros..."

Jesús permitió que el demonio lo tentara para enseñarnos que Él de todo puede sacar mucho bien. Porque en la tentación nos damos cuenta que ahora, con su gracia, somos más fuertes. Pero al mismo tiempo, nos ayuda a mantenernos moderados y humildes, reconociendo nuestra debilidad. Además, el demonio, al ser vencido, se convence de que hemos abandonado sus caminos. Y cada combate es un ejercicio del que salimos fortalecidos, más experimentados, mejor preparados para la siguiente prueba. Por último, el ser tentados es la mejor prueba de que Dios está de nuestro lado y nos ha llenado de dones: si el demonio no se hubiera dado cuenta que ahora hemos sido revestidos de un mayor honor y de una gracia más abundante, no se preocuparía en tentarnos.

La próxima vez que escuchemos a esa serpiente susurrarnos al oído, recordemos que Jesús también fue tentado como nosotros. Él nos acompaña y nos da su fuerza para que, como Él, salgamos victoriosos. Así, podremos reinar con Él, por los siglos de los siglos…

anim tentacion

Foto: Arda Savasciogullari

H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

"Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!" (Sal 15,6) Nací en El Salvador. Sólo Dios sabe cómo llegué a la Legión: lo que importa es que ya estoy donde quiero estar. Ahora trabajo en la promoción vocacional en Centroamérica, mientras me acerco cada vez más al sacerdocio.

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