Lo bueno es enemigo de lo mejor

Escrito por  Lunes, 13 Febrero 2017 00:00

Por H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

"No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la gehenna del fuego. Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la gehenna. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la gehenna. Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio. También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno."
(Mt 5, 17-37 / VI domingo del tiempo ordinario A)

Durante la primera Guerra Púnica, allá por el 250 A.C., Marco Atilio Régulo, general y cónsul romano, fue capturado por los cartagineses al derrotar éstos a los romanos en una feroz batalla. A pesar de esta gran victoria, la balanza se proclamaba en favor de los romanos. Por ello, los cartagineses le ofrecieron a Régulo la libertad bajo una condición: presentarse ante las autoridades romanas y convencerlos de terminar la guerra. Régulo aceptó la misión, y partió con una comitiva hacia Roma.

Al llegar a la ciudad, todos sus compatriotas se alegraron de verlo y le urgían a quedarse entre ellos. Pero Régulo, noble de carácter y romano ejemplar, no vaciló un solo instante en sus intenciones. Se presentó ante las autoridades y el pueblo para incitarlos y animarlos a continuar la lucha con mayor energía e intensidad, porque la victoria estaba cerca. No habiendo convencido a sus compatriotas de cesar las hostilidades, fiel a su palabra, regresó a Cartago, contra la voluntad de todos sus familiares y amigos. Al llegar a la capital enemiga, fue torturado hasta la muerte.

"¿Por qué?", nos podríamos preguntar… ¿Por qué hizo algo tan tonto e innecesario? Un juramento hecho bajo presión y amenaza de la vida no obliga… Él se podía haber quedado en Roma para seguir dirigiendo al ejercito romano en su guerra contra Cartago. ¿Por qué tenía que regresar, si sabía que le esperaban torturas y muerte?

Marco Atilio Régulo no tenía que regresar. Quedarse en Roma era una buena opción… pero no era la mejor. Una de la virtudes más valoradas entre los ciudadanos romanos era el honor. Faltar a la palabra dada, incluso sin juramento era considerado como una falta muy grave. Por eso se entiende que Régulo no intentara disuadir a los romanos en su guerra contra Cartago: su honor lo llevaba a promover los ideales y deseos de su nación. Pero tampoco podía quedarse, porque había dado su palabra a los cartagineses de que quedaría en libertad sólo en caso de conseguir la paz. He aquí que vemos plastificado y personificado el famoso dicho: "lo bueno es enemigo de lo mejor".

Y todo esto, ¿qué tiene que ver con el Evangelio? Cristo nos habla de muchas cosas: cumplir la ley, matar o insultar a alguien, cometer adulterio o incluso ver con intereses torcidos a otra persona… Todos esos particulares son importantes, pero hay un hilo de fondo que se nos puede pasar de largo. En cada punto que trata Jesús, nos habla de algo bueno que se les había mandado a los judíos en el Antiguo Testamento… pero Él nos dice que eso no es suficiente para ser santos: hay que dar un plus. Ese "extra" es la pequeña gran diferencia entre lo bueno y lo mejor, la perfección. Porque Cristo no dijo que fuéramos buenos como el Padre es bueno, sino "sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto".

El crecimiento en la vida espiritual es muy sencillo. Basta ponernos una pregunta: esto que tengo por delante, ¿A) no es malo… o B) es bueno… o C) es lo que más me acerca a Cristo? Si la respuesta es A o B, no estamos creciendo… El camino a seguir está hacia lo que más nos acerca y asemeja a Cristo. No nos conformemos con lo bueno: ¡busquemos lo mejor!

anim lo mejor 

H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

"Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!" (Sal 15,6) Nací en El Salvador. Sólo Dios sabe cómo llegué a la Legión: lo que importa es que ya estoy donde quiero estar. Ahora trabajo en la promoción vocacional en Centroamérica, mientras me acerco cada vez más al sacerdocio.

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