La Noche Santa

Escrito por  Sábado, 24 Diciembre 2016 00:00

Por H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer. (Jn 1,1-18 / 25 de diciembre)

Desde el 24 de diciembre en la noche, el mundo se llena de vida, música, colores. Es un día especial para todos… sean católicos o no. Nos reunimos en familia. Compartimos alegrías. Nos reímos, lloramos y cantamos juntos. Sin lugar a duda, estamos celebrando una de las fiestas más importantes del año. Y ¿sabemos por qué? ¿Sabemos qué se celebra? ¿O nos parecemos a ese joven que se coló a una fiesta y terminó bailando en una mesa con la cumpleañera sin saber quién era ella? Ya se imaginarán qué cara le puso cuando él le preguntó cómo se llamaba…

Hoy celebramos el cumpleaños más importante de toda la historia de la humanidad. Y es más que un cumpleaños: no sólo recordamos que hace más de 2,000 años nació un niño más. No, hoy celebramos porque Dios vino al mundo como un bebé tierno y vulnerable; ese bebé creció y dio su vida por nosotros. Por eso, hoy también celebramos nuestro cumpleaños: hoy, hace siglos, comenzó nuestra vida como hijos de Dios.

El lenguaje nos distingue de todos los demás seres que habitan  este universo… Pero hoy no celebramos a una palabra o un verbo cualquiera: hoy celebramos al Verbo de Dios, a Dios mismo, que se hizo hombre como nosotros. Él compartió en todo nuestra condición humana, menos en el pecado. Él se hizo hombre, se abajó hasta nuestro nivel, para podernos elevar a la dignidad reservada a Dios, para introducirnos en la Santísima Trinidad.

Acabamos de vivir la noche más larga del año (en el hemisferio norte). La nueva luz que ilumina nuestras vidas no proviene de los cuetes o de los foquitos del árbol de Navidad. Jesús es la Luz que ilumina todas nuestras tinieblas y disipa toda oscuridad. Todo lo hemos recibido de Él, y hacia Él camina nuestra existencia, lo queramos o no.

Por esto, urge que nos preguntemos si lo hemos acogido en nuestro corazón. Jesús vino a los suyos, vino a nosotros… pero muchos no lo recibieron… Pero a los que lo reciben, los llena de gracias y bendiciones.

Resulta muy fácil y cómodo celebrar toda la noche del 24 hasta ya bien entrado el 25… pero ¡me lo estoy jugando todo! Que no pase este día sin dedicarle tiempo a nuestro Salvador. ¡Nuestra vida espiritual no se puede quedar dormida! Acaba de nacer un niño pobre e indefenso, y quiere hospedarse en mi corazón para siempre. Creo que todos quisiéramos ver a Dios, pero  “a Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer”.

anim noche santa

Foto: Lawrence OP 

Canción: “No la devemos dormir”, Jordi Savall, Coral Polifónica La Palmera

H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

"Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!" (Sal 15,6) Nací en El Salvador. Sólo Dios sabe cómo llegué a la Legión: lo que importa es que ya estoy donde quiero estar. Ahora trabajo en la promoción vocacional en Centroamérica, mientras me acerco cada vez más al sacerdocio.

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