Esa es mi pasión, el gusto por la vida.

Escrito por  Lunes, 21 Agosto 2017 00:00

Por P. Jaime Bordons, L.C.

Cuando tenía dieciséis años, un día me llamaron a casa para pedirme si podía intervenir en un acto público de rechazo al aborto. Mi participación consistiría en retirar ante el público asistente, y en el momento oportuno, la gran lona que cubría un inmenso cuadro de la Madre Teresa de Calcuta. Lo que sucedió al hacerlo, mejor lo cuento en mi anecdotario particular.

Aquel día, en plena campaña del partido socialista para la “despenalización del aborto” (expresión absurda para legitimar el asesinato de un niño no nacido), me juré a mí mismo que siempre estaría a favor de la vida. Asumí, por tanto, un compromiso ineludible con la vida, cuya duración sería siempre.

"...por esta vez
la vida había
triunfado..."

Cuatro años después, a mis veinte años recién cumplidos, tuve la oportunidad de enfrentarme a la muerte y mirarla cara a cara, cuando una noche después de disfrutar una apacible cena con mis amigos, mientras me dirigía de regreso a casa, encontré que en plena calle un joven intentaba cortarse las venas con una cuchilla.

Mi compromiso con la vida no permitía que una persona, por quien Dios mismo no dudó en derramar su sangre en una cruz, terminara su existencia en este mundo de ese modo y en ese momento. Gracias a Dios, pude convencerle de que no cometiera tal atrocidad, y es que todo tiene un grado de solución si queremos encontrarla, un error jamás corregirá otro error, la muerte nunca soluciona los problemas de la vida y por esta vez la vida había triunfado sobre la muerte.

"...Él sí lo
sabía..."

Jamás me imaginé en ese momento que en mi apuesta por la vida, Dios mismo iba a tomar partido y me ofrecería un cheque en blanco que firmar, “yo te mostraré cómo fomentar la vida y tú firmas la cantidad a pagar sin conocerla”.

Nadie en su sano juicio se arriesgaría a esto ni con el más solvente y generoso de los bancos, pero Dios tiene esas jugadas maestras; en su mente, mi compromiso por la vida pasaría ineludiblemente y sin otra alternativa por la participación en el sacerdocio eterno de su Hijo que Él con amor, pero no siempre con gusto de mi parte, me regalaría el día de mi ordenación; el único detalle “sin importancia” es que Él sí lo sabía, pero yo ni siquiera lo sospechaba.

"...cuando Dios
quiere algo..."

En ocasiones cuando Dios quiere algo no consulta, si Él me lo hubiera preguntado yo no lo hubiera aceptado y es que hay cosas que sólo convencen cuando se han gustado.

Casi veinte años después de aquel suceso, subiendo por la avenida Toluca para llegar a la universidad, después de ofrecer al Señor por enésima vez el bendito tráfico, me encontré con una ambulancia, dos policías, un autobús, un camión (ambos detenidos en medio de la calle) y un hombre en el suelo cubierto con una sábana y con evidentes muestras de sangre alrededor.

"...ayudar a
alcanzar la
vida eterna..."

Me detuve, y uno de los policías me explicó que se cayó del autobús al pasar el tope, estaba felizmente situado en la puerta y agarrado de la barandilla. Al caerse, el camión que venía al lado le pasó por encima rompiendo su cabeza y destrozando su columna. Me lo mostraron y al preguntar cuándo había sucedido me respondieron que alrededor de unos veinte minutos más o menos.

Mi compromiso con la vida tomaba un nuevo matiz; si primero fue colaborar de diversos modos en defender la vida de los no nacidos a través de la lucha contra el aborto, después en evitar una muerte y buscar ofrecer un sentido en la vida a los más desfavorecidos y pasando horas sentado en las calles hablando con mendigos, ahora el nombre del cheque en blanco que firmé adquiría un nuevo título: “ayudar a alcanzar la vida eterna, salvar almas”, la cantidad a pagar: mi vida consagrada a Dios, para los demás.

"...la vida
para siempre..."

Miré al Cielo, y le pedí que todavía existiera un “rayito de luz de vida” en aquel hombre; le administré la absolución de sus pecados, recé por él y seguí mi camino. Reconozco que me sentía contento.

Tengo fe y no puedo dudar por un momento en que el mismo Dios que me llamó a la existencia, que permitió que aquel hombre sufriera el accidente y que yo pasara por ahí, precisamente en ese momento, era porque mi cheque firmado en blanco iba a hacer efectivo que alguien más entrara en el Cielo, no podría evitar que pasara de esta vida a la eternidad, pero sí ayudarle a entrar en el Cielo, la vida para siempre.

"...un privilegio
maravilloso..."

Les confieso que me siento enamorado de la vida, de la que es de este mundo y de la vida eterna. Amo la existencia que nuestro buen Padre nos ha regalado, me parece un privilegio maravilloso al cual por ningún motivo hay que renunciar, ni exponer inútilmente y que no deberíamos nunca empañar en los ojos del prójimo. ¿Por qué hacemos sufrir a otros?, ¿por qué hacernos daño si podemos hacernos el bien?, ¿por qué no vivir amando si eso es lo que nos dignifica a todos y a cada uno, si eso es lo que nos llena?

Mi compromiso con la vida sigue en pie y ahora que soy sacerdote se acrecienta en oportunidades, porque cada vez que puedo bautizar, cada vez que puedo absolver los pecados, cada vez que bendigo un matrimonio en el altar, cada vez que administro la unción de enfermos, cada vez que celebro la santa misa para dar de comer el Pan de Vida eterna, cada vez que puedo aconsejar o consolar, alzo de nuevo mi ojos al Cielo y le digo: “Gracias por no hacerme caso cuando no quería ser sacerdote, gracias por arreglártelas para que firmara mi cheque en blanco, gracias por el don de la vida”.

Esa es mi pasión, el gusto por la vida.

gusto vida anim

P. Jaime Bordons, L.C.

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