1 Corintios 13

Escrito por  Miércoles, 16 Agosto 2017 00:00

Por Maleni Grider

El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo. El amor nunca pasará.
(1 Corintios 13:4-8)

Esta descripción del apóstol Pablo sobre la preeminencia del amor es uno de los pasajes más hermosos del Nuevo Testamento. Quizá también uno de los más estudiados y utilizados para instruir sobre el matrimonio y el amor “ágape”, es decir, el amor que proviene de Dios y puede ser adoptado por los seres humanos.

Si parafraseamos este texto de manera reflexiva, encontraremos que el amor se compone de ciertas emociones, pero también de acciones concretas y verdades absolutas. Por ejemplo, el amor tiene paciencia y es comprensivo; no es envidioso ni fingido ni altivo; no es ruin ni es egoísta; no actúa bajo la ira ni guarda rencor (es decir, perdona); es honesto y busca la justicia. Por otra parte, el amor prevalece contra todo; el amor no se rinde, siempre cree, espera, y soporta los embates de la vida. Finalmente, el verdadero amor es eterno.  

"...el mensaje
central del
evangelio..."

El pasaje está lleno de verbos y adjetivos. Esto es porque el amor es un elemento activo, y también proactivo. Es el mensaje central del evangelio. Es la sustancia que le da valor a todo. De modo que, si habláramos todas las lenguas angelicales, y tuviéramos los mejores dones, y ejercitáramos la fe más grande, e hiciéramos los sacrificios más extremos, pero no tenemos amor, de nada sirve (1 Corintios 1-3). Sólo el amor da significado a las virtudes más altas, porque el amor es excelso, así como Dios mismo.

Ahora bien, en la interacción humana, la comprobación del amor es a través de las acciones. Específicamente en el matrimonio, amar es el sustento de todo. Si dejas de amar, el corazón de la pareja se detiene, deja de bombear la sangre y los demás órganos van muriendo uno a uno, hasta que la relación deja de respirar y muere.

"...amar es
el sustento
de todo..."

En el caso de los varones, a quienes Dios les ordena “amar a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia, y se sacrificó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25), la pregunta es: ¿cómo puede un hombre, de carácter limitado, amar de la manera en que Cristo amó? Solamente adoptando el carácter de Cristo. Jesús amó, ama y amará con amor eterno a su Iglesia, a pesar de que la Iglesia, es decir, todos los que la conformamos, tengamos fallas, no seamos del todo fieles, y no valoremos el amor del Señor.

La descripción del amor en 1 Corintios 13 es el parámetro de Dios para todo hombre y mujer. Sus elevadas declaraciones son los estándares bajo los cuales debemos concebir el amor, y no se limitan a la falibilidad del amor romántico, aunque lo incluyan.

"...la mayor
fuente de
felicidad..."

Hoy alentamos en este artículo a los varones a practicar esta enseñanza que traerá grandes beneficios a su matrimonio, a su propia persona y a sus sueños sobre el futuro. Para la mujer, la mayor fuente de felicidad en el vínculo matrimonial es sentirse amada, valorada, apreciada. Algunas sugerencias son las siguientes:

Ámala con palabras que expresen amor y alabanza hacia su belleza interior y exterior. Llena sus necesidades tanto emocionales, como físicas y económicas. Protégela siempre, en todo y contra todos (esto elevará su admiración por ti, le dará seguridad y traerá gran contentamiento a su corazón, serenidad a su mente, equilibrio a su cuerpo). Ayúdala en las tareas de la casa, en una actitud de compañerismo y trabajo conjunto, de modo que ella no se sienta usada, explotada, abrumada o exhausta. Sacrifícate por ella en todo lo que puedas, sobre todo en ser caballeroso y atento (ella tiene ojo clínico para los detalles).

"...ella florecerá..."

No dejes nunca de compartir tu vida con tu mujer, no la excluyas, no hagas planes sin ella, sobre todo cuando sean de gran trascendencia para su familia. Trátala como el ser inteligente que es, y nunca te creas superior a ella, no la menosprecies. Dedícale mucho tiempo y escúchala cuando hable, ponle atención, ella necesita saber que lo que quiere comunicarte es importante para ti. Sé muy cariñoso con ella (si eres de los que no saben cómo, y no se te da fácilmente, haz un esfuerzo, ella lo notará y te recompensará).

Si no tratas a tu esposa como a un vaso frágil, tus oraciones serán estorbadas. La consecuencia de no cumplir con el rol masculino es una esposa insatisfecha que no dará lo mejor de sí misma. Si no le das lo mejor de ti mismo, no te beneficiarás de esa “ayuda idónea” que tienes a tu lado. La falta de amor hacia ella provoca rebeldía en la esposa, y esto crea murallas, distanciamiento. Los hijos crecen con un modelo disfuncional, no con un ejemplo de matrimonio cristiano.

Si últimamente has fallado en amar a tu esposa, ¡toma aliento, el amor es preeminente para la mujer! Cuando empieces a amarla de nuevo, ella florecerá y te embelesará con su mejor perfume.

corintios anim

Maleni Grider

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