El Tesoro y la Perla

Escrito por  Sábado, 29 Julio 2017 00:00

Por H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

"El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo». Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí."
(Mt 13,44-52 / XVII Domingo Ordinario A)

Jesús es el Reino de los Cielos… y Él se parece a un tesoro. Y en efecto, este tesoro suele encontrarse escondido en un campo. Cada uno de nosotros tiene la oportunidad de ser ese hombre que lo encuentra. Para encontrarlo, hay que estar buscando… Una vez que lo encontramos, podríamos pasar por la tentación de sacarlo de allí y llevárnoslo a nuestra casa. Pero las cosas no funcionan así con Jesús.

Él viene en paquete completo: todo o nada. No puedo querer su alegría, su plenitud, su riqueza, y al mismo tiempo, mantener mis comodidades, mis caprichos, mi tierra. Es como el santo grial de Indiana Jones: una vez que sale de la cueva, pierde todo valor… es un cáliz más. Un Cristo recortado a mi medida, ya no es Cristo, sino una invención más del hombre en el intento de suplantar a Dios. Sólo quien va y vende todo, quien acepta cambiar radicalmente su vida, quien acepta las condiciones que Cristo le ponga… Solo él podrá disfrutar de este tesoro que es Jesucristo, Nuestro Señor.

Luego Jesús sigue hablándonos de la perla, y muchos creen que es el mismo cuento del tesoro, pero con una perla. Como para decirle a Jesús: "Sí, ya entendí… Una vez bastaba…" Pero Jesús no suele repetir por repetir. De hecho, si vamos más atrás en el capítulo 13 de Mateo, nos damos cuenta de que Jesús lleva todo el tiempo diciendo que "el Reino de los Cielos se parece a…" y pone un ejemplo, pero jamás repite algo: cada ejemplo nos revela un aspecto diferente del Reino. ¿Por qué, entonces, se repetiría ahora? Con esto en mente, volvemos a leer el texto del Evangelio y nos damos cuenta de que no se trata tanto de la perla, cuanto del comerciante de perlas: "El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas…"

Jesús se parece a un comerciante de perlas finas: alguien que sabe distinguir entre perlas hermosas y baratijas de cajita de cereal. Y Él ha encontrado una perla muy fina; una perla tan fina, que estaría dispuesto a venderlo todo por comprarla. Por eso, "siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz." Él lo vendió todo para comprar esa perla, porque esa perla sos vos; esa perla soy yo; esa perla es cada uno de nosotros, por quienes Él se hizo hombre y dio su vida en la cruz… Para poder conquistar nuestro corazón, para que vivamos junto a Él, para siempre, en su Reino.

perla anim

H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

"Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!" (Sal 15,6) Nací en El Salvador. Sólo Dios sabe cómo llegué a la Legión: lo que importa es que ya estoy donde quiero estar. Ahora trabajo en la promoción vocacional en Centroamérica, mientras me acerco cada vez más al sacerdocio.

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