La etiqueta no se pega

Escrito por  Sábado, 22 Julio 2017 00:00

Por H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

"Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”»."
(Mt 13,24-43 / XVI Domingo Ordinario A - Evangelio completo al final)

Hoy, por desgracia, vivimos en un mundo donde todo lleva una etiqueta. En el súper, hasta la fruta va acompañada de la etiqueta del precio. Cada prenda de ropa trae la suya: Nike, Polo, A&F, Burberry, Prada… Y en muchos productos la etiqueta del precio no es la más importante, sino la del significado social: tomarse un Starbucks cada mañana, contestar mensajes de WhatsApp en el último iPhone, salir de fiesta en un Audi TT, viajar en un jet privado… Pero las peores etiquetas siempre se las hemos puesto a las personas. Un ladrón, creemos, siempre será ladrón; el santo salió del vientre de su madre abrazando una cruz y un evangelio; la estrella del fútbol o del básket no tiene que esforzarse por ser bueno; el genio de las matemáticas no tiene vida social… y me quedo en esas por no seguir con la lista que todos conocemos de corazón.

Pero Jesús, en el evangelio de hoy, nos dice algo muy importante: en el Reino de los Cielos no hay etiquetas. A la hora de la siega, se verá lo que somos de verdad, pero hasta entonces nada está fijo. Todos somos semillas sembradas en el campo del Señor. Él preparó la tierra, la abonó y la ha estado regando continuamente. Todos podemos ser granos de trigo que den el ciento por uno… pero también está la mano del enemigo de por medio. Él se ha logrado infiltrar en las tierras fértiles de Dios y ha esparcido su mala semilla. Por eso, vemos como crece el trigo y la cizaña en el mismo lugar.

Es aquí donde Jesús, el sembrador, nos insiste en lo que importa de verdad. Él no se preocupa de ver crecer el trigo y la cizaña juntos, porque Él tiene un as bajo la manga: este campo tiene una cualidad especial: todo puede cambiar… ¡La cizaña puede convertirse en trigo! Por eso no se puede cortar: hay que dejarlos crecer juntos para que la cizaña, viendo la hermosura de las espigas de trigo, logre convertirse en una de ellas. Pero Nuestro Señor sabe que nada es esta vida sale gratis; siempre hay un precio a pagar. Él sabe que, dejándole la oportunidad a la cizaña de convertirse en trigo, también corre el riesgo de que alguna espiga de trigo termine como cizaña. Esa es la apuesta del amor: siempre jugando all-in.

Espero que, a partir de ahora, cuando caminemos por la calle, podamos ver el mundo con nuevos ojos. Que ya no veamos etiquetas en cada esquina, sino creaturas del Señor, medios para conocerlo y amarlo más, personas, hijos de Dios… El mundo está lleno de trigo y de cizaña. Que el trigo sea de la mejor calidad para que la cizaña sienta la necesidad imperiosa de convertirse en una espiga dorada de trigo. Y que el trigo esté atento, no sea que por descuidado termine como cizaña a la hora de la siega (cf. 1Cor 10,12).

etiqueta anim

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"Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”». Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas». Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo». Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga."

H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C.

"Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!" (Sal 15,6) Nací en El Salvador. Sólo Dios sabe cómo llegué a la Legión: lo que importa es que ya estoy donde quiero estar. Ahora trabajo en la promoción vocacional en Centroamérica, mientras me acerco cada vez más al sacerdocio.

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