“Música, cámara... ¡y Dios!”

Escrito por  Jueves, 01 Junio 2017 00:00

Por Maleni Grider

Soy una amante del cine porque lo considero un arte extremadamente sensible, nutriente, fascinante. Claro que hay de cine a cine, en cuanto a calidad y contenido. Mi seminario de titulación de licenciatura fue sobre cinematografía, literatura e historia, de modo que aprendí que el cine puede entretener, educar, ilustrar, aportar a la cultura y al conocimiento humano. Sin embargo, en lo personal también considero que puede corromper, influenciar, obsesionar o impartir todo tipo de ideologías que no ayudan a hombres y mujeres en sus luchas personales, en su vida real.

Como creyente de Jesucristo, me he dedicado a mirar no sólo el cine secular, sino también la producción de temática cristiana de distintas épocas, especialmente la producción actual. Mi sorpresa ha sido positiva al descubrir que existe una cantidad importante de películas acerca de Cristo, y con temas alrededor del evangelio o de corte profético. El arte, pues, puede estar al servicio de la humanidad entera, pero también al servicio del Reino de Dios y su mensaje redentor.

"...un diálogo
mental
colectivo..."

Algo que me apasiona del cine es la manera en que el discurso de las situaciones que se presentan puede ser construido de tal manera que, en la sala de cine, en la sala familiar, o en el salón de clases, dicho discurso crea consenso en un grupo de espectadores. Todos ellos siguen la trama de cerca, y ninguno tiene necesidad de explicar a otro la secuencia de hechos, sino que cada quien es capaz de percibir, comprender y asimilar de manera natural cuál fue el malentendido entre dos personajes, cuál es el conflicto principal, quién está cometiendo un error, así como de percibir las situaciones climáticas del filme. Sin hablar, los espectadores tienen un diálogo colectivo a través de su mente, en silencio.

En el cine, el espectador es el testigo ocular, el que está fuera de la historia y puede contemplarla en su totalidad. Por supuesto que hay películas en las que algunos hechos son controversiales; también, existen finales o giros en la historia que no son del todo claros, o que pueden ser interpretadas de diversas maneras. Sin embargo, en general me refiero a ese momento de la historia en el que la trama se complica y se llega al nudo o clímax de la misma, donde una situación compleja se presenta, aparentemente sin solución, y el espectador no sabe cómo se resolverá el conflicto. En ese momento, en la sala de cine se hace un silencio, la música disminuye, y la imagen normalmente se detiene en un corte de escena.

"...Él sí puede
interactuar
si se lo
permitimos..."

Ese momento es apasionante porque la sala entera empatiza con los personajes, cualquiera que sea su función: víctimas o culpables, protagonistas o antagonistas. Los espectadores comprenden las motivaciones, el dolor y la tenacidad de las personas involucradas en la historia. Han visto las circunstancias, los malos entendidos, los errores cometidos, los buenos o malos comportamientos de todos ellos, la secuencia de hechos, y pueden juzgar claramente dónde reside el problema. Si los personajes pudieran interactuar con los espectadores, éstos podrían explicarles lo ocurrido, aquello que desconocen, y darles un consejo, la solución a su problema. Sin embargo, dado que eso es imposible, ellos deben hallar su propia salida, y así encuentran su destino (obviamente, tal como lo ha definido el escritor de la historia).

Por supuesto, el cine no está hecho para que el espectador participe en la trama o interactúe con los personajes, sino sólo para observar. Pero este ejemplo sirve para ilustrar la manera en la que Dios, como ser omnisciente y omnipresente, mira todas las situaciones, lo conoce todo. La diferencia es que nosotros sí podemos acceder a esa dimensión espiritual desde la que el todopoderoso puede auxiliarnos. Él sí puede interactuar con sus criaturas si se lo permitimos. Si acudimos a Él para pedirle algo con fe, en una situación aparentemente sin solución, Él puede, de manera sobrenatural, hacer contacto, como el ser celestial que es, con nuestra humana terrenalidad.

"...Dios acude
a nuestro
encuentro..."

Recordemos que todos tenemos un espíritu, y que el Espíritu de Dios entra en contacto con éste, viviendo dentro de nosotros, cuando ejercitamos nuestra fe. ¿Cuántas veces Dios habrá observado nuestra situación, sabiendo exactamente la solución, el camino, todo aquello que nosotros no sabemos o no podemos ver por estar apesadumbrados, sin que siquiera volteemos a verlo? ¿Cuántas veces no lo habremos ignorado en medio de la tormenta, ahogándonos sin motivo, en vez de acudir a Él y pedirle que nos guíe desde su soberana sabiduría? A pesar de ello, Él a veces actúa y nos salva de una situación, ¿cuánto más no lo hará si se lo pedimos? Él está deseoso de que vayamos ante su presencia y lo busquemos. Él es el atalaya, no hay nada que escape a sus ojos, ni siquiera las más profundas y secretas intenciones. ¿Cómo no podrá entonces, Dios, darnos el mapa adecuado para llegar a la solución? ¿Cómo no podrá decirnos qué hacer, dónde ir, qué decir?

Ese silencio que se hace dentro de nosotros cuando el problema llega, sólo puede ser roto de manera positiva y asertiva por la intervención de Dios. Cuando intentamos resolverlo de manera personal, sin tomarlo a Él en cuenta, nuestras posibilidades de éxito se reducen y nuestro margen de error se amplía, especialmente porque, al estar abrumados o desesperados, no podemos ver con claridad todas las alternativas. Pero cuando damos lugar a lo divino en nuestra vida, cuando abrimos el corazón, los ojos, los oídos, y alzamos nuestra voz al cielo, Dios acude a nuestro encuentro y nos conforta, luego nos alienta, nos aconseja, nos quita la angustia, nos da su paz de manera incomprensible, y nos da la sabiduría para que seamos capaces de enfrentar, resolver y salir de toda situación.

"...Él es el
productor y
director..."

Como en el cine, nuestra historia puede ser sensible, apasionante, sorprendente o milagrosa, si nos disponemos sinceramente a dejar que Dios intervenga, actúe, se manifieste y nos muestre el poder de su gloria en toda situación. Después de todo, Él es el productor y director de esta “película” que es la vida, y el escritor que ha creado el escenario y a los personajes. Éstos tendrán un destino, ya sea que actúen por sí mismos o que permitan la intervención de su Creador. Las historias del cine son ficticias, todo ocurre en el plano de la fantasía, de la invención y la imaginación; pero la existencia de Dios es real, tan real como la vida que vivimos, y que Él creó.

cine anim

Maleni Grider

Email Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Av. Universidad Anáhuac #13 Col. Lomas Anáhuac

                    Huixquilucan, Estado de México C.P. 52786 México

+52 (55) 2224 2070

www.somosrc.mx

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Somos RC App iOS Android

icon regnumchristi bottomup

icon redcol bottomup icon ecyd bottomup icon jfm bottomup icon manoamiga bottomup icon elarca bottomup icon whynotpriest bottomup icon semperaltius bottomup icon redanahuac bottomup icon catholicnet bottomup icon zenit bottomup icon zenit bottomup