Señor, ¿tienes algo para mí?

Escrito por  Jueves, 25 Mayo 2017 00:00

Por Maleni Grider

Así, el hombre bueno saca cosas buenas del tesoro que tiene en su corazón, mientras que el malo, de su fondo malo saca cosas malas. La boca habla de lo que está lleno el corazón.
Lucas 6:45

Una mañana, antes de subir al autobús de la escuela, mi hija me preguntó algo que me hizo meditar profundamente. Nuestra conversación fue más o menos así: “Mami, ¿estás orando por mí?”… “¿A qué te refieres, mi amor? Claro que estoy orando por ti”… “¿Todos los días?”… “Sí, mi cielo, igual que siempre. ¿Por qué lo preguntas? ¿Quieres que ore por algo en específico?”… “No sé, quiero que ores por eso que Dios tiene para mí, en mi futuro…”… “¿Qué quieres que Él te dé?”… “Algo, no sé… algo, lo que Él quiera darme”… (En este punto miré sus ojos, sencillos, llenos de humildad y pureza. Mi corazón fue tocado y mi mente se conectó a mi corazón.)… “Claro que sí, mi amor, ahora que me lo dices voy a orar por ‘eso’ que Dios tiene para ti… Él te lo va a dar todo”. Mi hija sonrió y sus ojos se iluminaron aún más.

Todo ese día reflexioné en la sencillez con que ella expresó su deseo de que Dios le dé algo, lo que sea. Y recordé una característica de la gente necesitada que, en los países subdesarrollados o en cualquier lugar del mundo, tocan a nuestra puerta o nos piden al pasar: “¿No tiene algo que me regale?”. Creo que todos nosotros hemos escuchado esta pregunta de alguna persona menesterosa. Ellos piden por ‘algo’, lo que sea, pues piden desde su profunda necesidad. Cualquier cosa que les demos es útil para ellos. No lo exigen ni lo arrebatan, sino que preguntan si acaso tenemos algo que darles.

"...Dios tiene
muchas cosas
para nosotros..."

Lo más increíble es que siempre nos quedamos pensando si tenemos algo que podamos darles, y en muchas ocasiones nuestra respuesta es no. Si tan sólo les dijéramos: “Claro, puedes tomar dos de mis vestidos, una de mis vajillas, una de mis cobijas para el invierno, dos bolsas de arroz de mi despensa y una de mis almohadas…” Porque en realidad tenemos mucho que dar, pero sólo pensamos en donar, regalar o dar en caridad aquello que ya no nos sirve, aquello que nos sobra o aquello que ya no queremos usar. ¿Se imaginan si Dios nos diera con la misma mezquindad?

Dios tiene muchas cosas para nosotros. Él es el dueño del mundo. Si tan sólo viniéramos delante de su presencia y le dijéramos: “Señor, ¿tienes algo para mí? Algo, lo que Tú quieras darme…” Y lo deseáramos con todo nuestro corazón, seguro que Él nos daría mucho más de lo que pedimos o esperamos. Pero comúnmente estamos más interesados en aquellas cosas que nosotros deseamos, es decir, ‘eso’ que queremos conseguir. Y nos esmeramos tanto en obtenerlo que dedicamos esfuerzo, tiempo, lo mejor que podemos para alcanzarlo.

"...casi todo lo
que anhelamos
es material o
pasajero..."

El problema es que casi todo lo que anhelamos es material o pasajero, y mucho de eso no tiene que ver con lo que Dios quiere para nosotros. De modo que recibimos poco y a menudo fallamos en nuestras empresas (Santiago 4:3-5). Faltos de sabiduría, equivocados en nuestra forma de desear, codiciamos cosas que no nos ayudan a crecer espiritualmente ni a avanzar en nuestra consagración a Dios. La actitud con la que a veces pedimos algo a nuestro Creador no es la correcta, pues nos falta humildad, disposición, o simplemente no sabemos valorar o recibir lo que se nos da.

En otros casos, recibimos mucho pero no estamos satisfechos. Esto es porque nuestra insensatez e ingratitud nos nublan los sentidos y perdemos toda facultad para disfrutar lo que tenemos. En cambio, cuando pedimos desde un vacío profundo, desde una verdadera necesidad, lo hacemos con un corazón sencillo, y Dios se encarga de otorgárnoslo, añadiendo aún más de lo que pedimos.

"...no estamos
satisfechos..."

Meditemos cuidadosamente en aquello que tenemos, en cuánto damos a otros, y en aquello que deseamos, para saber si estamos pidiendo de manera justa y prudente. Nuestra forma de pedir está íntimamente relacionada con las motivaciones de nuestro corazón… y Dios puede sopesarlo todo.

para mi anim

Maleni Grider

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