¡Dios te ama de verdad!

Escrito por  Lunes, 22 Mayo 2017 00:00

Por Maleni Grider

Cuando pensamos en la Creación de Dios, normalmente visualizamos a un Dios todopoderoso, grandioso, inmenso, ordenando con gran seriedad: “Hágase la luz”… “Háganse los ríos”… “Hagamos al hombre…”, etcétera.

Así es como ocurrió, pues de ello da cuenta el libro del Génesis. Esta obra majestuosa de un Dios eterno es sorprendente y nos impresiona por su grandeza. Sin embargo, poco pensamos en la parte “emocional” de este hecho. Dios tiene alma, es decir, tiene infinita sabiduría, tiene voluntad y también siente. La Biblia nos dice que Dios siente enojo, gozo, indignación, compasión, misericordia, amor. Pero su esencia misma es el amor.

"...su obra
maestra..."

Si nos detenemos a pensar en el momento en que Dios comenzó a pensar en crear su obra maestra, podemos también imaginar su inmensa motivación, el gran entusiasmo que pudo haber tenido para realizar ese gran proyecto. Yo imagino a un Dios apasionado, quien cuidadosamente hizo un diseño, articuló un plan y tomó una decisión de acuerdo a su inmensa capacidad de amar, todo conforme a su inmenso poder.

El hecho de pensar que Dios nos ama por ser criaturas suyas, no alcanza para describir el enorme suceso de dicha Creación. La única comparación humana que podemos hacer para comprender por qué afirmamos que Dios nos ama tanto, es la propia gestación de nuestros hijos. Cuando decidimos ser padres, el mundo cambia de color. Una gran emoción nos invade y nos apasionamos por la idea de concebir y dar a luz a un hijo. Enfocamos todos nuestros esfuerzos en conseguirlo y ponemos gran atención y emocionalidad a ese anhelo.

"...un acontecimiento
como el de
dar vida..."

Una vez que el embarazo ocurre, nos llenamos de felicidad, queremos que todo el mundo lo sepa, y nos involucramos profundamente en cada aspecto de ese maravilloso proceso. Compramos todo lo que necesitamos, decoramos el cuarto para la llegada del bebé, pensamos en el mejor nombre, y disfrutamos de manera extrema cada día, cada semana, cada mes, hasta que llega el día del feliz alumbramiento.

La alegría y el apasionamiento que experimentamos por este gran suceso en nuestra vida son muy intensos. Sólo nuestra familia inmediata y nuestros amigos más cercanos pueden comprender y conectarse a tal emoción. Desde esta perspectiva podemos visualizar un poco mejor lo que significa un acontecimiento como el de dar vida.

"...nos amó como
a hijos, una vez
que nos creó..."

En el caso de la Creación de Dios, Jesús y el Espíritu Santo estaban a su lado. Esta obra majestuosa que Dios realizó significó mucho para Él. No sólo nos consideró como sus criaturas, sino que nos amó como a hijos, una vez que nos creó. ¿Puedes imaginarte lo que pensó y sintió cuando vio al primer hombre, formado con tal perfección, belleza y complejidad? ¿Y puedes imaginar lo que sintió su corazón cuando pensó en la mujer, la pareja idónea para el ser que había diseñado? ¡Cuánto amor sintió Dios por nosotros!

Es difícil imaginar lo maravilloso del momento en el que Dios formó del barro el cuerpo humano, y luego, la belleza extraordinaria del instante en el que sopló aliento de vida sobre la carne y los huesos, a su imagen y semejanza, en un acto absolutamente sobrenatural, convirtiendo así en orgánico lo que era sólo materia. Por último, ¿puedes imaginarte el momento de la sublime decisión de Dios de agregar un espíritu dentro de esos cuerpos con alma? Ese fue el acto de mayor amor y romanticismo que pudo haber existido durante la Creación, pues nos habla del inmenso deseo del Señor por permanecer ligado a nosotros de manera íntima y cercana.

"...nos amó con
amor eterno..."

Dios se apasionó con su Creación, y nos amó con amor eterno, tal como nosotros podemos amar a nuestros hijos. Nosotros somos criaturas de Dios y nuestros cuerpos conciben porque así fueron diseñados, pero fue el Creador quien realmente nos hizo, cada vena, cada célula, cada pedazo de piel, cada órgano, cada uno de nuestros cabellos. Él fue quien nos formó del barro, con su inmenso poder. ¡Cuánto más nos amará, después de tan grande hazaña!

Cuando comprendemos esto, empezamos a ver el tamaño de su amor por nosotros, y su inagotable e incondicional misericordia. Esa es la razón por la que, más tarde, Dios nos dio a su Hijo Amado, en sacrificio vivo, y se dio a sí mismo por nosotros, como un Padre que ama de manera ilimitada.

“¡Así amó Dios al mundo! Le dio a su Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.”

Juan 3:16

dios te ama anim

Maleni Grider

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