Yo, Judas

Escrito por  Miércoles, 01 Febrero 2017 00:00

Por Maleni Grider

Estaban comiendo la cena y el diablo ya había depositado en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle.

Juan 13:2

El nombre de Judas nos remite a la traición. Y a menudo pensamos que este hombre era muy malo, terrible, lleno de pecados y, por supuesto, mucho peor que nosotros. Pero esto no es así. Judas era un hombre como tú y como yo. Aún más, era un discípulo de Jesús, estuvo con él alrededor de tres años, y fue ministrado por el Señor al igual que los otros discípulos. Recibió de Jesús las mismas palabras, el mismo amor, y vio los mismos milagros que todos los demás.

Algunas personas piensan que Judas fue predestinado de manera inexplicable (arbitraria) para traicionar y entregar a Jesús, quien debía cumplir con el sacrificio al que su Padre lo había llamado. Esta interpretación es errada porque Dios no es injusto ni arbitrario, Él no impone sobre ningún ser humano un destino fatal, de manera injustificada, sólo para cumplir sus propósitos. Si bien, es cierto que existe una profecía bíblica al respecto (Juan 13:18 / Salmos 41:9), esto no quiere decir otra cosa, sino que Dios es soberano y omnisciente.

"...cambiar nuestro
corazón..."

Cada ser humano toma sus propias decisiones, comete sus propios pecados, y paga sus propias consecuencias. Dios, a lo largo de nuestra existencia, nos da innumerables oportunidades para arrepentirnos, también nos manda sus mensajes de manera personal o a través de otras personas, y cada día provee para nosotros diferentes bendiciones y recursos, con el fin de que podamos cambiar nuestro corazón.

Sin embargo, hay muchas formas en las que nosotros resistimos las dádivas de Dios y le abrimos la puerta a Satanás (el enemigo del Señor y de nuestra fe) y a sus demonios o espíritus de maldad. Cuando esto hacemos, ellos se cuelan en nuestra vida, en nuestra casa, en nuestra familia, en nuestro matrimonio, en nuestro cuerpo, etcétera, y nos oprimen de tal manera que, en ocasiones, nos llevan a cometer pecados tremendos.

La Biblia es clara con respecto a Judas. Podemos ver algunos pasajes en los que se describen el carácter y los problemas espirituales de este hombre que, de manera consciente, hizo sus elecciones y llegó a traicionar a su Señor, además de quitarse la vida acto seguido. La primera situación de Judas es que tenía un problema de amor al dinero, es decir, codicia y sensación de escasez. En el siguiente pasaje vemos que es el primero en señalar a una mujer que trajo a los pies de Jesús un perfume de gran valor.

María (la hermana de Martha y Lázaro), pues, tomó una libra de un perfume muy caro, hecho de nardo puro, le ungió los pies a Jesús y luego se los secó con sus cabellos, mientras la casa se llenaba del olor del perfume. Judas Iscariote, el discípulo que iba a entregar a Jesús, dijo: “Ese perfume se podría haber vendido en trescientas monedas de plata para ayudar a los pobres”. En realidad, no le importaban los pobres, sino que era un ladrón, y como estaba encargado de la bolsa común, se llevaba lo que echaban en ella. Pero Jesús dijo: “Déjala, pues lo tenía reservado para el día de mi entierro. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre”.

Juan 12:3-8

Además de esto, Judas robaba de las ofrendas, sí, era un ladrón, y los otros discípulos lo sabían. No había abandonado su pecado, a pesar de que andaba con Jesús, quien le había otorgado la oportunidad y el honor de seguirlo. Judas era, además, una persona de doble ánimo que intentaba complacer a los hombres más que al Señor; le gustaba pensar que podía jugar en dos bandos, tener dos amos, y obtener algún beneficio de ambas partes. Por último, Judas estaba quizá resentido con Jesús porque la respuesta de éste, en el pasaje anterior, no le dio la razón, sino que lo evidenció como una persona poco sabia.

Judas le abrió la puerta al diablo con todas estas acciones de pecado, y el maligno hizo presa de él, más tarde lo torturó con la culpa y lo acorraló para que se matara. De igual manera, nosotros podemos ser zarandeados por el enemigo si no evaluamos nuestro corazón en forma constante y no sopesamos las acciones que de dicho y hecho realizamos. Si hay pecado en nuestra vida, habremos de confesarlo y arrepentirnos, antes de caer en una trampa mayor que nos lleve a un error sin posible arreglo, o incluso a la autodestrucción.

anim judas

Maleni Grider

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