¿Quieres ser mi novia?, y ¿mi esposa?

Escrito por  Domingo, 08 Mayo 2016 00:00

Por: Maleni Ramírez.

Todo empieza con una simple y romántica frase: “¿Quieres ser mi novia?”, o por lo menos debería empezar de esa manera. En cuatro simples palabras se encierra una actitud de respeto y consideración hacia la mujer. Por ser una pregunta, implica la libertad y el empoderamiento de la mujer para analizar, decidir y dar una respuesta. Es una muestra de respeto y una aproximación que conlleva un acto de humildad por parte de quien la expresa.

Como parte de los cambios en la sociedad posmoderna, muchos de los formulismos que existían en el pasado han ido desapareciendo en el afán de proclamar una mayor libertad, igualdad, equidad, autonomía, etcétera, entre el hombre y la mujer. Sin embargo, la extinción de algunas prácticas ha eliminado también diversos estándares y valores. Por ejemplo, desde que se ha abandonado la formalidad de la frase ¿quieres ser mi novia?, se han traspasado límites y se ha dado paso libre a la invasión de la autonomía de las mujeres, de quienes hoy se espera que accedan casi a todo sin oponer resistencia.

Al abolir esta pregunta básica para el inicio de una relación sentimental entre un hombre y una mujer (y haber establecido colectivamente que utilizarla es un acto cursi, anticuado), también se echó por tierra el sano proceso de convivencia, conocimiento mutuo, galanteo, romance, preparación que antecedía al noviazgo y que constituía el noviazgo mismo.

Hoy en día, de una o dos pláticas se pasa al contacto físico y la invasión de espacios, sin intermediaciones, es decir, sin palabras, sin acuerdos, sin establecer compromisos, sin conocimiento previo de ambas partes, y después de eso ya no hay manera de echar marcha atrás para recuperar el romance, el respeto, la comunicación, salvo en muy pocos casos. Algunos pasan casi de inmediato a la cohabitación, casados o no, y en muchas ocasiones el conflicto surge pronto en la pareja pues en la convivencia real diaria se desconocen el uno al otro y no pueden aceptarse, por no haber tenido el tiempo previo para analizar y decidir si eran realmente buenos compañeros de vida, más allá del aspecto sexual.

La apertura de la mujer hacia un tipo de relación más liberal y sin exigencias la ha colocado en una posición vulnerable, donde ella no recibe el respeto, la protección, la atención, la cordialidad, la ternura, el cuidado y el lugar que merece, todo lo cual fue originalmente diseñado para ella. En gran medida, las mujeres colaboramos y promovemos esa nueva forma de relacionarse sin ataduras, cuya consecuencia muchas veces es ser abandonadas, ignoradas o violentadas.

El inicio de la violencia hacia la mujer puede ser tan sutil como evadir una simple pregunta para establecer un compromiso, lo cual después se convierte en ausencia de valoración, respeto, cuidado consideración y amor hacia ella. A menudo surge también un franco desamor, abuso, violencia física y psicológica, o en casos extremos incluso el asesinato. Las formas de convivencia que inicialmente se habían establecido tenían un significado, una razón de ser, reforzaban la seguridad no sólo para la mujer sino para ambos integrantes de la pareja, y también otorgaban ciertas garantías a su descendencia. El compromiso del noviazgo, y el posterior pacto del matrimonio, establecen una base sólida para una relación verdadera y duradera, en quienes se pronuncian a favor de ellos.

Los esfuerzos por frenar los altos índices de violencia contra mujeres y niñas en todo el mundo son honestos, valerosos y elogiables. Todos debemos apoyar las diferentes campañas que han surgido en los últimos años como respuesta a los focos rojos y a la inverosímil cantidad de feminicidos que hoy son una triste realidad. Sin embargo, la recuperación de la dignidad, el regreso al respeto, la vuelta a los principios del amor no son fáciles de lograr, no dependen solamente de campañas masivas. Ni siquiera son viables sin restablecer los valores humanos que respaldan las acciones concretas.

Como mujeres, nos corresponde, de manera urgente, empezar por respetarnos a nosotras mismas, exigir respeto y otorgarlo para construir relaciones sanas y legarlas a nuestros hijos, en la esperanza de que el futuro les ofrezca la oportunidad de formar matrimonios llenos de amor, y no de violencia, es decir, familias a prueba de fuego totalmente aptas para enfrentar cualquier reto.

 

Autores varios

Email Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Más en esta categoría:
“Sliding” o “Deciding” »

Av. Universidad Anáhuac #13 Col. Lomas Anáhuac

                    Huixquilucan, Estado de México C.P. 52786 México

+52 (55) 2224 2070

www.somosrc.mx

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Somos RC App iOS Android

icon regnumchristi bottomup

icon redcol bottomup icon ecyd bottomup icon jfm bottomup icon manoamiga bottomup icon elarca bottomup icon whynotpriest bottomup icon semperaltius bottomup icon redanahuac bottomup icon catholicnet bottomup icon zenit bottomup icon zenit bottomup